8 Ciertamente, la cosa había sucedido tal como la relatara, pero con la pequeña diferencia de que solo Dios se había encargado de salvar a la niñita. Él la ayudó a levantarse del suelo, y nada más. Después, la chica se marchó tan tranquila a su casa. Que por qué se le habría ocurrido hacerse héroe de una hazaña que ni siquiera había intentado, era algo que no acertaba a explicarse. Maquinalmente, descolgó el tubo y comenzó a repetir las palabras que le dictaba su imaginación, vivamente impresionado por la escena que presenciara poco antes, y de la que le hubiera gustado ser su actor principal. Por otra parte, no se sentía incapaz de efectuar una acción semejante, dado que llegara el caso. La mayoría de las veces, el heroísmo es cuestión de oportunidad. De tal suerte, si en verdad no la había salvado, hubiera podido salvarla, lo que, en cierta manera, convertíalo casi en su salvador. Recordaba perfectamente el percance: la niñita intentaba cruzar las vías sin advertir el riesgo inminente. Avanza, ya está en medio de los rieles, y he aquí que, cuando menos lo sospechaba, la locomotora
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