17 cierta como horrible. Y los corazones ingenuos palpitaron de emoción al ver su nombre y su retrato a tres columnas. Hasta aquí, todo marchaba perfectamente. Mas, como al mejor cazador se le escapa la liebre, nuestro héroe imaginario cayó en la imperdonable ligereza de precisar las cosas. En lugar de indicar vagamente uno cualquiera de los tantos pasos a nivel que cruzan la ciudad, determinó la ubicación exacta de aquel donde efectivamente estuviera en riesgo de morir la niñita, extendiéndose en detalles pintorescos para hacer más verídica la narración de su hazaña. Esto dio como resultado que, cuando menos se lo esperaba, apareció en un diario un sueltecillo irónico en el que, después de poner la verdad en su sitio, se burlaron con mucho gracejo de su presunta heroicidad. “Un personaje de Pirandello” era el epígrafe que encabezaba la terrible tomadura de pelo que echaba por tierra su flamante prestigio de hombre abnegado y valeroso.
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