Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

EN LA TORMENTA. 189 rrentes cada vez más respetables, comenzó á prestar su concurso para una de esas tormentas de Febrero. Continuámos cruzando por en medio de ese campo nutrido de fuego, agua y truenos que libraban batalJ¡t con las tinieblas . . . . . . . . . . ~ . . .. . . I II. . Para el náufrago que lucha con las ondas, y logra asirse de una tabla, la esperanza se le presenta por las manos, y el navegante sin rumbo ve ~u · salvación en la luz del faro que le señala pqerto seguro. Para nosotras, en aquella noche tormentosa, la esperanza vino en la nota de la dulce quena tocada por los pastores, y á esa música siguió la voz del amigo del hombre, el fiel pe- rro, cuyo ladrido de .amenaza fué "la palabra cariñosa del que llama á los viajeros perdidos. Poco trecho anduyinios, para encontrar la cabaña pastoril, donde aun- ardía el fuego que cocinara la me- rienda de esa buf i gente. Las circunstancias nos hicieron hasta impolíticas porque no tardámos en instalarnos en la choza sin la venia de sus moradores, pe/ro, encontramos hospitali- dad tan sincera como rara vez se halla en la corte~ Nos acurruca~os todos junto al fogón para secar nuestros vestidos y dar calor á los miembros entume- cidos por la acción del frío.- Dos chiquillos que al des- pertar gruñeron asustados al ver seres acaso estrafa- larios por el aspecto, se resolvieron á dejar los pellejos sobre que deséansaban y arrimársenos con miedosá -1nfianza, atraídO's por la golosina de los bizcochos que tomábamos con el café, servido por Gervasio, cuya fidelidad lo disculpa de los trastrueques cometidos en su labor escuderil. Colocámos en la falda á la más pequeñita de aque- llas criaturas, teniendo recostada á la otra contra nues- tro hombro y los compañeros dieron comienzo á ale- gre plática. retemplada por los refuerzos de la cantina 27 r J.

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