Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

DE CABILDO Á CABILDO. 33 cheo son frutas de toda estación y se gozan en el mal y la zozobra de almas justas. Villarej o y Río secretea- ron al Obispo, y persuadiéronle de que el Regimiento ocupaba mejor lugar que su Señoría. Mostróse airado y ofendido el Obispo, que era de car- ne y hueso con menjurge de bilis, como todo prójimo nacido después del uso de la hoja de parra, antes y des- pués de que Noé empinase el sumo de la vid. Salió, pues, su Señoría de la función, dejando resenti=lo al ca- bildo secular que, sin duda, se chupó el dedo chiquito en vista del desaire público, determinando dar cuenta inmediata al Virrey y al Gobierno, así de este manejo de su señoría como del lugar que había tomado en las procesiones, desde su entrada, contra lo dispuesto por las provisiones reales, y quedó declarada la guerra DE CABILDO Á CABILDO. Aquí fué la de soltarse de las sin pelo ni freno. Quién llamaba á su Señoría monigote, y quién incre- paba á Villarejo como~ preste tonsurado por mano de barbero. · El palacio episcopal, por su parte, tampoco escaseaba apreciaciones injuriosas para los cabildantes, Ello es que la comedia sacra introdujo desbarajuste mayúsculo en el corregimiento, todo por dar oídas á chismosas palabrerías. Caso análogo al que narramos aconteció en Lima ·en- tre el Virrey don José Manso de Velasco, Conde .de Su- perunda y el Arzobispo don Pedro Antonio de Barroe- ta, como refiere Palma, y aunque allá se apeló á «citará los Santos Padres, se ocurrió á los breves secretos de Paulo III. y otros Pontífices, y se destrozaron los ca- nones», la rencilleja no alcanzó á apaciguarse sino con la separación de !os contendores, cuando Manso entre- go el Virreynato al excelentísimo señor don Manuel de Amat y J uniet. Estos entredichos de gobierno, ponen entre punto de pluma narradora de cuentos lo que pasa en los pue- blecitos del interior del Perú entre el cura y el gober- nador, per·sonajes los más encumbrados de esos trigos

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