Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

32 TRADICIONES CUZQUEÑAS. nar al enemigo e~ la hora de la desgracia, cosa que hoy se estila sin que prójimo vivienk páre considerandos en esos monstruosos hijos del materialismo y del metalis- mo, que tal llamamos á quien no respeta el infortunio ni ampara la debilidad. Sores de Ulloa se contentó con encender cigarrillo y echando bocanada de humo dejó al tiempo el reparo de dañosa actualidad, tomando trabajo particular en los minerales. Posteriormente, dueño de una respetable fortuna ad- quirida en la extracción de azogue, se trasladó á Lima, y volvió á contemplar 1nos~as junto al plato de plata. Y bien. Recibida en el Cuzco la nueva de que el Marqués de Guadalcazar arribó á la ciudad de los Virr~yes, la ciu- dad haría los festejos de ceremonial y los cabildantes debían enviar la comisión de usanza para besar las ma- nos del nuevo Virrey, rindiendo en él homenaje á S.M. real á nombre del Correj imiento y provincias del reino, pero la ciudad estaba en-" entredicho político-eclesiástico. II. Hemos hablado ya á nuestros lectores de la Come- dia sacra que mandó representar el Correj idor Men- doza Carbajal, en obsequio de Santo Tomás de Villa- . nueva, y á la que se dirijió en día de satisfacción par- " ticular. Era de esperarse que la fiesta fuese regalona, pero, incidente caído como empréstito sobre fortuna menguada, amargó á los circunstantes y dejó dividida la ciudad en dos bandos. Es el caso que, habiendo asistido Su Señoría Illma. el Obispo, colocaron su sitial en lugar preeminente: al lado derecho el Correjidor, Justicia y Rejimiento, y al izquierdo el Maestrescuela don Alonso Pérez Villare- j o y el Canónigo Licenci_ado Paz del Río. Así como los abogados cabulistas, y enredosos que en la punta de la sin hueso tienen la mentira, la difa- mación y la calumnia, los adulones y gente <le cuchi-

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