Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
3 4 TRADICIONES CUZQUEÑAS. ~~~~~ ~~~~~ ~~·~~~ ~~~~~ de Dios, que descomponen amistad por quítame estas pajas, y romp~n hostilidades en menos de un sursum corda. Se declara la enemistad. El gobernador notifica sin dilación á los agentes de gobierno que, al cura no se le pone pongo ni mitanis. El párraco, por su parte, advierte al sacristán que no se le dá el pa.:c tecum al gobernador, y que, cuando éste ó alguno de su parentela ocurre con padrinazgo de bautismo no suena el órgano ni chistan las campanas. siendo excusado decir ·que no se moverán de su sitio la cruz alta, el cirio bendito y el salero de plata; que para un descomulgado, sobran el cabo de humilde sebo y el salero de barro. Y hé ahí, lector amigo, una guerra casera de poten- cia á potencia. III. Su Señoría Illma. en el fondo era un hombre reflexivo. Apaciguado, sin necesidad de muchos tamarindos ni ruibarbos, hizo, llamar al Canónigo doctor don Fran- cisco. Calderón de Robles, para que interviniera en el litigio abierto con los cabildantes. · Robles, según cronista concienzudo, tenía la firmeza tal como reza su apellido y era ,varón de ciencia adquirida en las veladas del estudio serio, que está, por cierto, dis- tante de la erudición de cajetillas de cigarros que oga- ño lucen los hijos de vecina. Habló claro al Obispo mostrándole de pe á -pa la cartilla de las inconvenien- cias de llevar á terreno de agravio piltrafilla de vanidad que. por ende, debía desaparecer de manos.ungidas con el óleo de la paz. Su Señoría Illma. prestó oído atento á las razones del magistral y mandólo inmediatamente donde el Co- rrej idor para darle una cumpliqa satísfacción. Los ca- bildantes correspondieron con singular comedimiento, acordando que don Alonso de V era y Figueroa y don Rodrigo de Esquibel y Cáceres, pasasen á presentar al
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