Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

JUICIOS DE LA PRENSA. XIX espíritu de escuela ó de band~ría, no merece d nombre de tal. Menos estrechos y peligrosos son los límites de la tradición. A ella, sobre una pequeña base de verdad, le es lícito edificar un castillo. El tradicionista tiene que ser poeta y soñador. El historiador es el hombre del raciocinio y de las prosaicas realidades. La tradición es la fina urdimbre que <lió vida á las be- llísimas mentiras de la novela histórica cultivada por Walter Scott en Inglaterra, por Alejandro Dumas en Francia, y por F ernández González en España. En nuestras convicciones sobre americanismo en literatura, entra la de que precisamente es la tradición el géner9 que mejor la representa. América es el tea- tro de los sucesos; costumbres y tipos americanos son los exhibidos, y. el que escribe tradiciones no sólo está obligado á darles colorido local sino que, hasta en el lenguaje, debe sacrificar, siempre que oportuno lo con- sidere, la pureza clásica del castellano idioma, para po- ner en boca de sus personajes frases de riguroso pro- vincialismo y que ya perderá tiempo y trabajo el que se eche á buscarlas en los Diccionarios. Cuando se pinta no debe huírse de la naturalidad, p0r mucho que, á veces_, sea ella ramplona y de mal gusto. Estilo lige- ro, frase redondeada, sobriedad en las descripciones, rapidez en el relato, presentación de personajes y ca- racteres en un rasgo de pluma, diálogo sencillo á la par que animado, novela en miniatura, novela homeo- pática, por decirlo así, eso es lo que, en mi concepto, ha de ser la tradición. Así lo ha comprendido también la inteligente autora de este libro. Como labor histórica hay que convenir en que la señora Matto de T urner ha sabido explotar el rico filón de documentos escondido en los empolvados ar- chivos de la imperial ciudad de los Incas, tarea patrió- tica que hombres han desdeñado acometer y que, con tan cumplido éxito, ha conseguido realizar mi predi- lecta amiga. ¡Cuántas noticias y fechas históricas, sal- vadas para siempre del olvido, va á encontrar el lector en las preciosas páginas que entre las manos tiene! La

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