Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas
(A Juana G. de lJsandiva;ras.) I. Meditando muchas veces acerca de la superficialidad, nos hemos preocupado de la que sienta sus reales Qntre las de nuestros sexo, .y observando con detención la actitud de los padres de familia que honran nuestra ESociedad, vemos con desconsuelo que poco les ocupa la sólida instrucción de sus hijas. Toque el piano con destreza; cante con lucimiento una Aria de Verdi ó de Bellini; baile con gracia encantadora; vista con admirable chic, diga un sí ó nó sonriendo; así á la ventura; vaya los domingos á la misa parroquial en eompañía de su mamá; tenga por confesor al fraile mas renombrado; y la educación de la Señorita queda terminada de la mas brillant(ili manera. i Superficialidades! · , 1 Todo esto no significa mas que el adorno, y permítasenos la expresión, la costumbre. Hemos visto algunas señoritas-- bellas y ataviadas porfuera con todo ·el esplendor y reglas que exije la sociedad con sus preocupaciones; pero completamente desalhajadas en el fondo moral q,ue es la mayor hermosura de la mujer. La vemos, "como la dalia bella, pero sin aroma; como el pavo, hermosa y sin cadencia en su voz; como la blanca espuma, hinchada y sin resistencia. La miramos, como á la sensitiva huyendo del contacto de mano aleve, sin comprender los encantos de la , virtud, ·ni los horrores del vicio. Vérnosla frecuentar los templos con el eorazón vacío de aquellas sólidas convicciones que tanto dulcifican nuestras creencias relijiosas; la contemplarnos arrodillada ante el Dios que arrostró las afrentas y la muerte misma por la humanidad; arrodillada, pero sin comprender la inmensidad de aquel sacrificio divino, donde el
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