Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

246 HOJAS SUELTAS. amor y la ternura son la divisa de tan augusta víctima! __ .... Y, desde el fondo de nuestra alma condenamos la superficialidad de que se redea ála mujer privándola de tan sublimes fruiciones espirituales. Es ella responsable~ No, mil veces no! ~ · Camina por la senda que sus padres le· muestran. · Empero no se nos culpe de que pretendemos invadir la sociedad dándole aquella clase de sabias despreocupadas que pasan la vida con la frente enardecida por el estudio é inclinada sobre el bufete donde fojean volúmenes sin ·fin; olvidando que su deber las reclama con voz incesante, llamándolas al desempeño de las labores domésticas, dulce y tranquila tarea que engrandece nuestro sexo permitiéndole labrar el campo donde nace la folieidad de la familia. Imploramos para la mujer una educación completa y sólida que, poniéndola á cubierto del engaño, la acerque al eumplimiento de sus deberes como hija, como esposa y digámoslo mas alto, como madre. No·olvidemos que ~s la llamada á poner el cimiento del grande edificio moral en el corazón ·d.e los hijos, _cuya primera educación le está confiada. Tampoco crearnos que con peinar las tiernas cabecitas, coser batitas de injenio, y cuidar que el niño tome el alimento. y el sueño á , horas competentes, ha cumplido· sus deberes de madre. Nó. Tiene otró fin mas sagrado qué estos, del cual depende la felicidad de toda una sociedad: la alimentnción· del alma que ella, y no otra pérsona, debe cuidar, puesto que sabemos que la educación de la cuna acompaña hasta el sepulcro. En la cuna, pues, debe principiar la educación del Giudadano que se debe á su Dios y á su Patria. Para tan importante misión, la madre necesita una instrucción no superficial, y aquel tacto social que enseña la experiencia adquirida en las páginas de los hombres pensadores que nos han precedido en los afanes d<fl vivir. · Por otra parte, la superficialidad en la educación de la mujer es una de las causas del disgusto prematuro que se apodera de los maridos, puesto que existiendo diversidad de ideas, la armonía no puede ser duradera. . Maridos conocemos que han bajado la cabeza ruborizados ante un despropósito de la esposa, lanzado en plena tertulia

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