Tradiciones cusqueñas. Leyendas, biografías y hojas sueltas

Biblioteca de "EL c&.Qh~ERCIO" · 179 Es tan dulc sacrificios y de contratiempos. Es tan imponderable la abnegación de la mujer que ama de veras!! Sin embargo, la pobre niña inexperta en los !;!mees arriesgados, vacilaba al dar el primer paso que debia conducirla , donde Osvaldo, ante las pompas de la playa, escuchando el zuzurro del viento sobre la verde totora que circunda el lago bajo la bóveda del cielo, sin mas abrigo que los brazos de su amante, s:n mas porvenir que su soñado amor que absorviendo toda su naturaleza, dulcificaba sus pensamientos. Hay suspiros que ensanchan el corazón, y suspiros que matan la felicidad del espíritu. A estos segundos pertenecían los que exhalaba el pecho de la desterrada, porque su prisión habíase hecho mas somb.ría y lúgµbre con la idea de los padecimientos de Osvaldo. . , Por fin, adopta una suprema resolµción. Es fuerza ir á la ' 'Isla Blanca" ó hacer llegar á manós de Osvaldo el aviso de que se trabaja por la libertad. Será preciso ganarse la confi.lnza del Justicia-pensó Cchaska.-Esta noche vendrá á importunarme con caricias que aborrezco, y tendré de. soportarlas con fü;1gida voluntad. En efecto: cerca del crepúsculo vespertino llegó el Justicia ' llevando en su corazón la esperanza del triunfo, con la ardiente codicia del jugador que arriesga su fortuna al azar de una jugada. , ¡Cuánta no fué su felicidad al ver que Cchaska salia, como nunca á ~u encuentro, dirijiéndole palabras de confianza! -La soledad me cansa y necesito vuestra compañía-dijo la encantadora j0tven á lo que el Justicia conte~tó entusiasmado: -Por fin, bella y adorada Cchaska! por fin te apiadas de un cm;azón destrozado ·por tus de~denes y los celos! Dí una palabra, pide lo que deseas de mí y al punto lo obtendrás, pero, no me niegues tu amor. - -Qué puedo pedirte yó? Todo tengo á trueque de mi libertad. De todo hace pródigo alarde mi amante carcelero. Más, ya que tan compla~iente llega, pediría el dar un paseo por el lago, gozando de la luna en íntima plática con quien se muestra eu disposición de firmar las paces conmigo. -Ahora mismo Cchaska-contestó el Justicia- y, permíteme que borre de la memoria ese nombre que aborrezco, y te llame mi dulce Isabel: . quiero que la reina de mi corazón lleve el mismo nombre que la reina de mi qaerida patria. -Dí corno quieras español-respondió la niña; mientras

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