Los ideólogos: José Faustino Sánchez Carrión
562 AUGUSTO TAMAYO VARGAS - CESAR PACHECO VELEZ la imprenta _su natural vehículo? Mas, esto no quiere decir que tenga una libertad sin límites; antes bien se propone la necesidad de una ley reglamentaria, la que, si de una parte exige claridad y precisión, pid~ por otra que los refractarios del recto uso de la pren– sa, deban ser castigados con el último rigor, salvo, desde luego, las formalidades legales; debiendo depender éstas de prácticas fijas y de la dirección y conocimientos de jueces imparciales, acerca de lo cual deliberará el Consejo con la circunspección que le caracteriza. Ultimamente, sin la inviolabilidad de las propiedades intelec– tuales, quedaría defraudado el derecho más sacrosanto del hombre, cual es el de gozar exclusivamente de una utilidad que propiamente puede llamarse suya. Las demás adquisiciones, frutos de un trabajo corporal, sin embargo de que parecen comunes, por la multiplici– dad de medios con que se logren, siempre se reputan sagradas, por– que el hombre, en su incorporación a la sociedad, no pudo renun– ciar, como inherente a su naturaleza, la aptitud industrial con que tor– na en su provecho los recursos humanos. Con mucha mayor razón de– berán serlo, pues, respetadas aquellas propiedades que emanan de una dote especial que el cielo concede en la claridad y perspicacia de lo que llamamos talento. Por lo demás, la Comisión cree que planes y reglamentos ge– nerales uniformen la enseñanza, insistiendo sólo en que todos los pueblos de la República logren la instrucción necesaria, tanto por– que les es un derecho indisputable, como porque, naciente todavía el Estado, necesita de que los padres de la patria se contraigan de una manera muy particular a este objeto, certificándose de que el pueblo más pequeño ha conseguido siquiera una escuela para su instrucción primaria, y que la capital de cada departamento tiene una universidad bien organizada para el estudio de las ciencias. El último medio de afianzar el Gobierno es la observancia de las leyes fundamentales que lo constituyen. Sin ella todo es inútil, y mejor sería que ni los pueblos dictasen sus leyes, ni que se afa– nasen por crearse instituciones. Y este es el punto capital de que va a depender la conservación y engrandecimiento de la República, o su total ruina, por no decir la vergüenza de no poder hacer cum– plideros los votos de un pueblo que se ha puesto en el rango de lo. libres. Debilitado el vigor de algunas de las leyes fundamentales, se ha puesto la primera base de desmoralización al pueblo, por con– siguiente, es un deber de la Representación Nacional examinar ante todo las infracciones de la Constitución, sin que quede en pura
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