Los ideólogos: José Faustino Sánchez Carrión

JOSE FAUSTINO SANCHEZ CARRION 559 se pone un especial cuidado en no hacer odioso el enrolamiento militar con ocupaciones incompatibles con los ejercicios domésticos; si cesan las violencias y arbitrariedades de los jefes a quienes suele confiarse estas comisiones; y si llega a persuadirse el pueblo, que jamás están más aseguradas sus garantías que cuando los mismos ciudadanos las sostienen, saltando del taller a las armas tan luego como se advierte algún peligro. La tercera clase de milicia importa nada menos que la preser– vación de la seguridad privada, en que también se comprenden la propiedad y los demás derechos individuales. Las pocas poblaciones del Perú y la inmensa distancia que ordinariamente las dividen demandan el establecimiento de una guardia de policía en todos los departamentos que puedan soportarla; pero ha de ser con tales pre– cauciones que nunca se convierta en partidas de vagos, lo que su– cede de ordinario, cuando esta guardia no está sujeta a una severa disciplina, y cuando las ciudades sirvan de continuo entretenimiento a sus vicios: con que rara vez . salen al campo a perseguir a los malhechores y no pocos se ocupan ellos mismos, como la experiencia lo ha enseñado, en extorsionar a los caminantes. Por fin, el principal objeto de la fuerza armada con re3pecto a la libertad, será no ocupar indistintamente las tres clases en que se ha dividido, fijándose por regla general que, cuando llegare el caso de alguna revolución o invasión habrá de recurrirse al Con– greso o al Senado, a quienes toca a su vez, según las circunstancias, deliberar lo conveniente. Al Congreso corresponde prescribir la buena disciplina,' la economía y el arreglo del ejército, por medio de ordenanzas particulares, y, sobre todo, la esmerada educación que debe darse en los colegios y escuelas militares, como que esta es una profesión que no puede ponerse en grado eminente, si al paso de formarse el espíritu en las ciencias análogas a su instituto, no se procura también radicar oportunamente en el corazón las virtudes que aún en los tiempos más bárbaros han caracterizado a los hom– bres de armas tomar. Un militar es sólo un ciudadano armado en defensa de su patria y por cada ciudadano como un instrumento de la tiranía, si, prostituido su valor y abusando de las circunstan– cias que lo han investido de la fu~rza, hace alarde de hollar la Cons– titución, levantando sobre ella el poder de un hombre afortunado que supo ganarle a su partido. ¡Desgraciada República donde la clase militar no distingue bien claramente en qué consiste la verdadera glo– ria, y donde ella no es refrenada por el esplendor de la buena fama, la que exclusivamente depende del ejercicio de la virtud, y de la obe-

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