Los ideólogos: José Faustino Sánchez Carrión
558 AUGUSTO TAMAYO VA 1 RGAS - CESAR PACHECO VELEZ nidad, en ello mismo, como individuos que la forman, llevan los contribuyentes su provecho. Por último, quedaría expuesta la hacienda a un trastorno ine– vitable, si la nación no procurase pagar religiosamente la deuda que tuviere abierta, reconociéndola de hecho según fuere liquidán– dose. Los Estados son como los particulares que en razón de su honradez y buena fe disponen como propios de los caudales ajenos, sobrándoles en sus necesidades personas que los socorren; mientras que, por el contrario, no podrán contar con nadie, si faltando a las sagradas obligaciones del honor y abusando de la confianza y gene– rosidad, se detienen culpablemente o se niegan con cavilosas excep– ciones a la satisfacción de sus créditos. Pero pasemos al segundo medio. La defensa exterior de la República y su seguridad interior exigen una fuerza armada permanente, para hacer respetable su independencia a los extraños y a los ciudadanos sus leyes; porque es demostrado, que para obtener estos preciosos objetos, la razón y la bondad intrínseca de las instituciones son de ordinario insufi– cientes. Pero esta fuerza deberá distribuirse con tal orden que jamás podrá auxiliar al genio de la tiranía, cuya fatalidad regular– mente depende de la indiscreción con que se aumenta y de con– fundir la quietud interior con las invasiones extrañas; haciendo de uno y otro el criminal pretexto de armar los ciudadanos en de– fensa de sus derechos, cuando sólo ha sido para privarlos de su libertad. La mili~ia peruana es, pues, de tres clases: el ejército de línea, la milicia cívica y la guardia de policía. La primera protege la libertad exterior o la independencia, debiendo emplearse únicamente donde ésta puede ser amenazada. Tal es el fin de las tropas vete– ranas, cuyo servicio se ha hecho ya como el fundamento exclusivo de la entidad de un Estado respecto de otro, a pesar de que el espí– ritu de conquista ha perdido en el presente siglo, en que las luces no califican de héroes sino a los insignes capitanes que saben unir la moderación al valor, y apoyar la libertad en el poder d su espada. La segunda se destina a la conservación del orden interior, de– biéndose multiplicar los cuerpos de ella en las provincias, según su población y circunstancias; porque puedan lograr todas en esta fuerza un auxilio bastante poderoso al mismo tiempo que pacífico. ¡Ojalá que el Perú llegara a ver en este respecto una milicia cual la tuvieron en sus primitivos tiempos de sobriedad republicana Roma y Esparta! Todo es fácil conseguirse, si al organizar estos cuerpos
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