Los ideólogos: José Faustino Sánchez Carrión
Jos¡; FAUSTINO SANCHEZ CARRION 549 corporación venerable, en que se supone estar de asiento el consejo y la prudencia. Consiguiéndose, así mismo, que las provincias ten– gan el consuelo de influir casi inmediatamente en la elección de sus mandatarios y que se eviten las quejas y divisiones que, por causa de los empleos, se han introducido en casi todas las secciones de América después de la revolución. Es necesario que oportunamente se corten los resentimientos provinciales, y que al recibir la Cons– titución, sepan todos que todos están llamados a todos los destinos de la República, y que no habrá más preferencia que la que den al mérito y la virtud. Dándose, pues, los empleos por el Senado y turnándose los senadores, ni el Gobierno se hará odioso, ni las :pro– vincias tendrán que culpar a otro que a su mala elección e inadver– tencia. Este es un punto tan interesante, que su observancia sóla va a sofocar las semillas de una guerra civil, y a apresurar también la independencia continental. Ultimamente, la convocación a Con– greso extraordinario cuando los exijan asuntos graves, su consejo en éstos y su voto consultivo en la formación de las leyes y algunas facultades de la legislatura en su. receso, son otras tantas funciones del Senado, sin detenernos en hacer memoria de las demás que con particularidad se han señalado. Notaremos solamente que este cuer– po es como una sección del representativo, que, además de su ca– rácter conservador, llena los intervalos de las legislaturas. Llama ya nuestra consideración el Poder Judiciario, en cuyo buen uso consiste la verdadera salvaguardia de la libertad, y que por tanto es el más expuesto a la voluntariedad de los que mandan; porque rara vez se presenta ocasión más favorable al desarrollo de las pasiones viles, q·ue cuando la necesidad exige la aplicación de alguna ley. Y si se ha de hablar con propied~d, los hombres todos tienen en mera teoría sus derechos respecto de los otros dos pode– res ; pues sabido ·es que cuando alguno de ellos intenta perseguir al ciudadano pacífico, procure siempre investirse con el traje y espada de la justicia. No hay duda: los derechos del ciudadano son prácticos desde el momento en que está bien enfrenado el pod'er de hacerlo delincuente ante la ley. Y nada importe que uno se gloríe de su seguridad personal y la deduzca del derecho más sagrado, que se complazca en el goce de su propiedad y la autorice con una antigua po– sesión y se regocije del fruto de su industria y viva confiado en su inocencia, si el día menos pensado se ve privado de estos bienes y arrastrado a una cárcel por un pronunciamiento arbitrario. Y esto es lo que trata de evitar el proyecto: primero, ha e indepen– diente la administración de justicia; después, declara la inamovi– lidad de los jueces, para que satisfechos de la permanencia de su"
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx