Los ideólogos: José Faustino Sánchez Carrión

538 AUGUSTO f A MAYO VA1RGAS - CÉSAR PACHÉCO VEL~Z venirse de grado en que una raza de ellos mismos los dominara ex– clusivamente, estableciendo sobre todas sus relaciones una autoridad sin límites que sobreviva a sí misma como si las generaciones futu- 1·as pudiesen otorgar a las presentes la razón de obligarlas a con– venciones anteriores a su existencia. Ciertamente, señor, los pueblos no pueden recibir leyes sino de ellos mismos, ni ser regidos por otros poderes que los que libre y . expresamen~e designaron. Porque, si la ley es el resultado de la voluntad general, el Gobierno es el medio de reducirla a práctica, ~in la cual poco importarían las deliberaciones más profundas. Y si lo primero, que funda la razón de obedecer y que por consiguiente es el principio primordial de la administración, nunca puede ema– nar sino de la voluntad nacional. ¿Por qué lo segundo, esto es, la misma ley mandando, no ha de partir inmediatamente de ella? ¿Qué derecho tienen los ciudadanos para enajenarse indefinidamente de una facultad, que, mediante su delegación periódica en alguno de ellos mismos, puede proporcionar todas las ventajas posibles, públi– cas y privadas de que no pueden ni deben desentenderse? No hay duda por el Gobierno popular representativo está el pueblo en el continuo ejercicio de sus derechos de una manera que, evitando la confusión en los actos administrativos, está presente a ellos por me– dio de sus comisarios: por él se .frustran eficazmente las preten– siones exclusivas, los derechos particulares, los privilegios, y todo cuanto pueda fundar patrimonio en la dirección de la sociedad; por él en fin, se consultan bajo un régimen cierto los fueros de la hu– manidad, y triunfa la razón de las preocupaciones, que, con tanta mengua de nuestra especie, han podido perpetuar en el imperio algunos linajes sobre pueblos enteros, cual si sólo les cumpliera obedecer y servir y conservar aun a precio de la vida, la inmunidad del ídolo. El Perú reporta asimismo de esta forma de Gobierno la mayor utilidad posible, b~jo el sistema de su independencia. Sin energía por la libertad, o, lo que es lo mismo, por la permanente seguridad de los derechos, que han obligado a someterse los hombres a formas coactivas, todo bien en este orden es aparente y nulo, por la cons– tante lucha que hay entre los gobernantes y gobernados; estando siempre aquellos en atalaya de la debilidad de éstos, para mandar– los con su propia voluntad, y no con la que se les ha cometido: de que resultan el despotismo y todas las desgracias que le son consi– guientes. Y como recién salido un país de una dominación absoluta, sea incapaz de recuperar, o, más -bien, de adquirir las habitudes con– génitas a la libertad, si no s le acostumbra al ejercicio de su poder

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