Drama en tres actos y un prólogo
( 48 llODIL. nmerte á Cesar, a mi amante, á él, lleno de amor, de vida y de entusiasmo? Ah! no.... yo compraré su existencia aunque para ocultar mi vergüenza sepulte en un claustro mi juventud. . Rodil! Rodil! Salvad á don Cesar.... ! Nadie me oye, y cada momento que pasa lo acerca a la eternidad ... Rodil. , . ! Ah! ESCENA III. MARGARITA, RODIL por la puerta de la derecha. Rodil. ¿Me llamábais, señora? Habreis reflexio- 'nado y vereis que es una locura persistir en des- preciarme, conduciecdo al suplicio · a ese pobre don Cesar cuya juventud me inspira compasion. Creedme, Margarita; poco importa la honra de una muger, si esta puede dar la vida á un loco jóven, que estoy pronto á perdonar. Margarit. El tigre nunca tuvó piedad de su presa ... el vampiro se sacia con sangre juvenil .... Rodil. ¿Qué delirio os acomete? ¿ lgnorais que Ja paciencia puede agotarse y que al fin se desbor4en las iras ele Rodil? ¿y es la indiferencia lo que llartjais amor? Pudisteis salvará don Cesar y el capricho os cegó; porque ahora, aunque os humilleis pi- diéndome su vida, será tarde. ESCENA IV. Dichos, GILBI¡_-:tTO por la izquierda. Gilberto. Nunca lo es para la justicia de Dios. Margarit. Ah! padre mio, salvad á do11 Cesar. Gilberto. No temais por él, Margarita; el pueblo le ha libertado de la muerte, esa turba que vosotros los potentados llamais populacho vil, y que cuando se exaspera es terrible como las olas del mar ajitadas por el huracan. Rodil. Fraile de maldicion! ¿quién eres tú que me persigues como la .sombra al cuerpo, como el
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