Drama en tres actos y un prólogo
38 r RODH,. ESCENA VIII. ncENTE, RODIL (embozado) por el /'onda. Rodil. Buenas noches 1 Vicente Vicente. Señor. Rodil. Vive Dios que la noche está sombría, como- si la creacion quisiera tornará la nada. ¿Y bien? Has descubierto algun nuevo plan de rebelion? Vicente. Ya sabeis que de mí nadie desconfia; por- que me juzgan un buen hombre dispuesto á mez- clarse en una pueblada. Asi es que uno de mis amigos, me ha dicho que tenga lista la tizona para esta noche en que sin duda se armará una sanfran- cia, dirijida por no sé qué pintor á quien compras- teis un cuadro á precio que no le acomoda. Rodil. Ya tomaré mis medidas respecto á esta nneva conjuracion. Vicente. Quizá no os dejen tiempo, porque confían demasiado en el triunfo. Rodil. Nécios ~qué harian con lograr esaindepen- dencia que el 28 de julio proclamaron? Servir de juguete á hombres que nó comprenden lo que es libertad, lo que es democracia, sino del modo que favorece á su ambicion. Por Santiago! Yo moriré fiel á mis banderas. El castillo se rendirá, sí; pero en él solo hallarán cadáveres y escombros. La ban- dera de los insurjentes ondeará en sus almenas; pero ¡ay de aquellos que osaren poner la planta en sus muros, porque estoy resuelto á incen~iarlo! Hablemos de .otro ~unto, amigo mio.... de Mar- garita. Dime si escucha aun mi nombre con des- precio P Oh! daria mi ,e~jstencia por su amor; por ella renunciaría á Ja gro-;tr," al porvenir; por mere- cer su cariño abandonaría las fortalezas del Callao. Ah! no! La historia dl.rá que Rodil fué un tirano, pero nunca un cobarde_ ni un traidor. ¿Crees que Margarita llegue á amatme? Vicente. Imposible, señor. Rodil. Imposible! No lo hay para quien puede
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