Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano
86 JORGE BASADRE Nuestro pedido había sido que se contratase al mayor número de especialistas auténticos de nuestro continente. Con gran efi– ciencia desempeñó la Secretaría de la Escuela entonces y más tarde Carmen Ortíz de Zevallos, bibliotecaria graduada en Madrid en 1934 a mis instancias; que me había acompañado entonces en el empeño de persuadir a la Marquesa de la Con– quista, heredera de Francisco Pizarro, a sostener una biblio– teca para niños en un parque de Lima; y que me había ayu– dado también más tarde en la catalogación de la Biblioteca de la Universidad de San Marcos. Pero el cuerpo docente enviado a Lima en enero de 1944, no dejó de ocasionar que– braderos de cabeza. Entre ellos hubo dos personas -el Sr. Kilgour y la Srta. Shearer- a quienes se les contrató sin que se constatara previamente si sabían hablar o comprender el idioma español; de modo que teníamos que traducir sus lec– ciones para que ellos las leyeran en clas,e con su acento tí– pico, sin que pudiesen establecer casi contacto verdadero con sus alumnos. No faltó el intento, que con energía im– pedimos, de usar en las clases libros y normas para bibliote– carios de referencia o consulta en idioma inglés, con la idea absurda de imponerlas a nuestra gente. Hubo uno de esos profesores que sufrió de tal manera el "shock" de hallarse solo y lejos de su familia, en un país extraño, en un hotel, fuera del ambiente que las personas cultas consideran natu– ral, que una noche decidió embarcarse de inmediato en un avión, de regreso a su país, cuando apenas había comenzado la Esc.uela a trabajar; me costó el esfuerzo de varias horas obtener que accediera a quedarse. El curso de 1944 se com– pletó con clases dadas por Luis F. Xammar, Alberto Tauro, y por mí y también por Alberto Pincherle sobre historia del libro. Pincherle es un gran erudito italiano-judío, a quien los sucesos ocurridos en Italia fascista trajeron a Lima. Nos ayu– dó no sólo desde la docencia sino en la tarea de identificar y clasificar algunas obras antiguas rescatadas del incendio• Terminada la segunda guerra mundial, ocupó una prestigio– sa cátedra en la Universidad de Roma. Hubo unas cuantas personas altamente colocadas en la
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