Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

RECUERDOS DE UN BIBLIOTECARIO PERUANO 87 vida intelectual, política y social de Lima que nos censura– ron, repito, a veces con acrimonia, por haber traído espe– cialistas norteamericanos. Olvidaban esos señores cuáles eran, son y siguen siendo el rango y la difusión de la profesión de bibliotecario en Estados Unidos. No recordaban que en Eu– ropa ardía la guerra. No sabían que para reorganizar la Bi– blioteca Apostólica del Vaticano, y éste es sólo un ejemplo, vanos funcionarios de ella se formaron en las escuelas de las Universidades de Columbia y Michigan. No se acordaban que Manuel Pardo llamó a especialistas polacos para abrir la Escuela de Ingenieros, Nicolás de Piérola a franceses a orga– nizar la Escuela Militar y Eduardo de Romaña a belgas con el propósito de ~stablecer la Escuela de Agricultura. El mundo, repito, vivía entonces en plena guerra; y habría sido imposible obtener en aquellos momentos personal técnico y ayuda adicional de países europeos. Por lo demás, ni la Bi– blioteca Nacional ni la Escuela de Bibliotecarios hicieron ja– más propaganda a favor de Estados Unidos. La dirección y la orientación de la enseñanza nunca salió de nuestras ma– nos. Repetidas veces vetamos o rectificamos el plan o el con– tenido de las lecciones del doctor Kilgour y de la señorita Shearer pm· no considerarlos adecuados para nuestros alum– nos o nuestras necesidades; y, a propósito de esto, tuvimos más de un choque. Dimos prioridad al estudio de la biblio– grafía y de la cultura peruanas. A consecuencia de la conmoción pública causada por el in– cendio, se presentaron 315 postulantes a la Escuela. Fueron seleccionados 25 (20 mujeres y 5 hombres). En el examen de admisión el mío era sólo uno de los votos de un jurado con tres miembros. Acogimos también a 11 alumnos más, esco– gidos por las Universidades de San Marcos y del Cuzco, de la Facultad de Medicina de Lima (cuya directora de la Bi– blioteca, Maggie Summers, por desgracia, no llegó a trabajar con nosotros por razones de fuerza mayor), de los colegios de Guadalupe y Rosa de Santa María y del Ministerio de Edu– cación. En el grupo últimamente mencionado sólo 6 pudieron

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