Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

RECUERDOS DE UN BIBLIOTECARIO PERUANO 85 que recibió el aporte de más de cuarenta empresas editoriales bonaerenses. En cuanto a las adquisiciones, seguimos una política que se resume en la siguiente frase: procurar obtener todo o lo más posible de lo peruano o lo referente al Perú y tratar, asimismo, de conseguir lo más representativo de la cultura clásica y de las obras contemporáneas. Personas especialmente escogidas hicieron el recuento de los caudales de la Bibliote– ca en diversas disciplinas importantes y de sus necesidades más premiosas. Especial interés dedicamos a libros de ciencias y de técnica, al extremo de consagrar a ellos una de las salas de lectura. En cuanto a la literatura contemporánea, recuerdo con emoción las revisiones que llevamos a cabo juntos, en los estantes y con libros de consulta en las manos, Sebastián Sa– lazar Bondy, eminente escritor ya fallecido, y yo. Sebastián prestó valiosos servicios a la naciente Biblioteca como Secre– tario de ella cuando Luis Fabio Xammar se apartó del cargo para que fuese nombrado en el Ministerio de Educación. La Escuela de Bibliotecarios, cuya creación gestioné ante el Presidente Prado y que él aprobó contra el parecer de al– gunos señores altamente colocados, según los cuales Ricardo Palma no la necesitó, traería muchos gastos e iba a implicar un precedente peligroso si otras entidades de la administra– ción pública imitaban el ejemplo, comenzó a funcionar en ju– nio de 1944 . Su personal docente estuvo formado por cuatro profesores seleccionados por el Comité de Ayuda Norteameri– cana a la Biblioteca después de que indiqué cuáles eran las asig– naturas que pretendía crear. Los haberes de ellos fueron abo– nados a medias por el gobierno del Perú y dicho Comité. Los nor teamericanos eran Raymond Kilgour, con grado de doctor en Filosofía en la Universidad de Harvard y de Bachiller en Ciencia Bibliotecaria en Michigan; Josephine Fabilli, que tra– bajó más tarde en varias bibliotecas latinoamericanas; Marga– ret Bates y Elizabeth Shearer, retiradas luego de la profesión. En el mismo grupo estuvo el experto cubano Jorge Aguayo, ya mencionado, el único latinoamericano disponible entonces.

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