Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

84 JORGE BASADRE Curioso personaje, Wilmarth S. Lewis. Sin embargo, mu– chas veces he pensado: ¿ Qué relación tuvo con la Biblioteca Nacional de Lima? ¿ Por qué llegó aquí? De Estados Unidos recibimos los materiales ya citados, numerosos donativos que, si a veces fueron de obras perua– nas o hispánicas, también abarcaron con profusión las letras y las ciencias norteamericanas; y ayuda técnica para el primer curso de la Escuela de Bibliotecarios. Los donativos norteamericanos fueron los más numero– sos entre los del extranjero hasta enero de 1948, y ascendie– ron a más de 22,000 volúmenes. El segundo puesto lo ocupó Argentina con más de 14. 000; y el tercero Chile con más de 7,000. Siguieron con cifras entre 6,000 y 3,000 México, España, Cuba, Venezuela, Brasil, Uruguay. Con menos de 3,000 Suecia, Bélgica, Guatemala, Inglaterra y otros países. Especial carácter tuvo la ayuda mexicana, que orgamzo en su mayor parte, en forma muy seleccionada, la Cámara del Libro con la colaboración del Gobierno. El catálogo de este importantísimo conjunto de obras fue editado en un libro; y el Secretario de la Cámara, Rafael Aguayo Spencer, se tras– ladó a Lima para preparar una exposición del libro de su país, que debía coincidir con la entrega respectiva. Dos intelectua– les jóvenes de muého prestigio, Agustín Yáñez y Antonio Gó• mez Robledo, llegaron a dar conferencias sobre la historia Y la cultura de México. El donativo de Venezuela provino de una suma votada especialmente por el gobierno de ese país; y don Enrique Planchart, asesorado por varios grupos de expertos en– tre los que tuvo significación especial Pedro Grases, hizo una selección admirable de la producción bibliográfica, despachó la colección a Lima y publicó su catálogo, que es una verda– dera guía para la historia intelectual de la patria de Andrés Bello y de Cecilio Acosta. Notable fue el obsequio realizado por la Cámara Argen– tina del Libro que presidía don Guillermo Kraft, institución

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