Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

RECUERDOS DE UN BIBLIOTECARIO PERUANO 83 que nada, su pluma se entretuvo en nutridas y variadas cartas. Hoy con el advenimiento del teléfono y del cablegrama, asis– timos a la decadencia del género epistolar. Walpole fue un maestro en él. Lewis quedó obsesionado por la búsqueda de lo que en inglés se llama "Walpoliana". Tomó contacto con libreros an– ticuarios, puso anuncios en los periódicos, recorrió librerías y bibliotecas. Se creyó durante muchos años otro Simbad en la cueva de los diamantes, según sus propias palabras. El mismo ha escrito: "Los coleccionistas auténticos están entre los hombres más felices, porque los años no debilitan su ra– pacidad". En 1933, ya graduado en Yale, persuadió a la editorial de esa Universidad para que iniciara la empresa de publicar las· cartas de Walpole. Todo induce a creer que los gastos los asumió con su propio dinero, aumentado por el patrimonio de su esposa vinculada a la familia organizadora de la Stan– dard Oil Company. Algo más: cubrió los gastos de sus pro– pios viajes para investigaciones en el extranjero, los sueldos de unos doce ayudantes y hasta llegó a instalar oficinas en una hacienda que posee. La edición de la correspondencia de Walpole, después de cuarenta años, llega a treinta y siete gruesos volúmenes de al– tísimo precio. Se planea llegar al tomo cincuenta en 1978. En conjunto, habrán sido publicadas entonces más de siete mil cartas con anotaciones e índices minuciosos. Hubo en New Haven una fiesta en octubre de 1973 para celebrar el 40? aniversario de la iniciación de la empresa. Allí Lewis dijo en– tre otras palabras, lo siguiente: "El año de 1933 fue memora– ble por tres cosas: la llegada de Hitler al poder, la inaugura– ción del primer gobierno de Franklin Roosevelt y el comienzo de la Yale Edition of Horace Walpole's Correspondence. Se– ñoras y señores: ¿Cuál de los tres sucesos, digámoslo así, ·continúa todavía firmemente en su camino?".

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