Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano
RECUERDOS DE UN BIBLIOTECARIO PERUANO 47 moderno, aunque manuscrito. Los buques venecianos, que sur– caban todos los mares conocidos entonces, eran esperados, al llegar a puerto patrio, por una muchedumbre que se agol– paba ávida de noticias de los lugares por donde habían na– vegado. Con el propósito de satisfacer esta avidez, se ideó es– cribir en unos "papeles" (foglie a mano) cuanto pudiera cal– mar la ansiedad general. Esta fue la causa de que surgie– ran los comerciantes en "foglie a mano" y sus agentes, ante– cesores de los actuales reporteros, que se preocupaban de in– terrogar a los mercaderes y viajeros de toda clase y condición. Por la lectura de cada uno de dichos "papeles" se abonaba una moneda de cobre llamada "gaceta", cuyo nombre se exten– dió con rapidez a cada uno de ellos; y de aquí se originó, según creen algunos, el hecho de que los primeros periódicos que se editaron, llevasen por título el nombre de Gaceta. Con la in– vención de la imprenta en el siglo XV y coincidiendo con el establecimiento de los modernos Estados de Europa, las con– quistas geográficas de Portugal en Africa y las de A.mérica por los españoles, el periodismo tuvo un floreciente des,arrollo en todo el Viejo Continente. De Barcelona se conoce una Copia de les noves de Ytalia, que data de 1557. Preocupase el Estado, sobre todo desde el gobierno de Leguía, de las obras públicas; con ellas, en los años siguien– tes, recibieron atención algunos rudimentarios programas de asistencia social. Dentro del ramo de la Educación ¡había tanto por hacer! La estructura de los museos de arqueolo– gía y antropología fue transformada gracias al dinamismo y al empuje de Julio C. Tello. Pero la Biblioteca Nacional (co– mo el Archivo Nacional y como los muse~s colonial y republi– cano) eran otra cosa. No eran muchos los que medían la gra– vedad de la parálisis de la Biblioteca, aumentada silenciosa– mente por un proceso de "omisión" permanente. Algunos pen– saban que esa crisis consistía tan sólo en una restricción en las horas de servicio de lectura, o en la incomodidad de la fal– ta de catálogos que daba lugar a la ignorancia acerca de las materias almacenadas en las estanterías. La tragedia 4
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