Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano
46 JORGE BASADRE Después de leer varias veces este doloroso artículo, he llegado a las conclusiones siguientes: l. Hay aquí una prue– ba abrumadora sobre la trágica pobreza de Romero en sus días finales, hecho que descarta cualquier sospecha de que él se hubiera enriquecido con el comercio de libros o de ma– nuscritos, si bien la pérdida de ellos sin duda existió. 2. Se percibe una extraña vivacidad en su odio a Ricardo Palma, sorprendente en 1946. El tradicionista se alejó de la Bibliote– ca en 1912 y falleció en 1919. En las frases transmitidas por el cronista, Romero · dice las mismas cosas por mí escucha– das al narrarlas él con gran fruición e insistencia entre 1919 y 1930. 3. Don Carlos reitera su hostilidad a los cataloga– dores de 1943; pero el hecho oficial y, para él inevitable de que fueron enviados por la Dirección que dentro del Ministe– rio de Educación ejercía autoridad sobre la Biblioteca, de– bió llevarlo a asumir el comando de este equipo de jóvenes y darles orientación si de ella carecían. 4. La referencia al plan de catalogación técnica resulta vaga cuando era de espe– rar que fuese exacta a través de indicaciones específicas so– bre la fecha en que fue presentado y acerca de la entidad o persona a quien lo remitió. La palabra genérica "intromisio– nes" no es suficiente para el lector que busca la verdad obje– tiva. S. Análogo comentario suscita la frase "Desde la época de Palma se pasaban continuamente oficios conminatorios para la reconstrucción del local. Su estado ruinoso es la úni: ca causa del incendio ... ". Parece duro y, sin embargo, es inevitable afirmar que los peruanos amantes de la cultura te– nían el derecho de saber cuántas veces y en qué fecha don Carlos anunció la inminencia del siniestro y qué precaucio– nes tomó contra él dentro de sus facultades. 6. El repor– taje acusa notorias limitaciones intelectuales, atribuibles no sólo a los golpes sufridos. Quizás hay aquí un fenómeno de senilidad. 7. Lo expuesto aquí sumariamente puede pare– cer cruel; pero quiere tener los "guantes de hielo" que Ranke prescribió al historiador. Sin embargo, no oculta una con– miseración honda ante esta víctima de una catástrofe nacio~ nal. 8. Una pequeña atingencia más. Suele considerarse a la Venecia del siglo XV como la creadora del periodismo
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