Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

RECUERDOS DE UN BIBLIOTECARIO PERUANO 43 dos ojos muy claros, bajo una gorra antigua de paño muy grueso. - Hable fuerte porque no oigo, nos dijo, casi gri– tando. - Ya lo sabíamos -pero, no nos escuchó. Acercó su oído. -¿ Qué desea? - De Jornada. Un reportaje. - Ah. . . Me han dicho que se ha publicado el in- forme del incendio de la Biblioteca *. No lo he leído. No quiero saber nada de esto. Tánto lodo tendría que echar, que muchas personas deben estar agradecidas a mi si– lencio. Como se hacía tan difícil la pregunta, dejamos que él hablara. Observamos sobre un piano negro algunas fo– tos de don Carlos Romero en su juventud; era gallardo e impecable en su vestimenta. Y con disimulo sacamos el papel y el lápiz ... - No, no escriba nada. No quiero que se publique. Pero si no tiene prisa, podemos conversar. Y se inició una conversación muy larga. Una conver- sación µnipersonal. Un monólogo realmente. Sabe tántas cosas un hombre después de más de cincuenta años de vivir junto a los libros, y es tan difícil conversar con quien casi no oye. Pero era agradable escuchar cosas tan lejanas, dichas casi en presente. El nombre de Palma pro– nunciado con tal intimidad, nos pareció un personaje .__ vivo; casi dudábamos nos hablara del tradicionista don Ricardo Palma. Parecían de ayer las conversaciones con don Manuel González Prada, y los nombres de Beltroy y Oliveira se mezclaban casi con el del anciano de los ex– traños espejuelos que escribió nuestras Tradiciones y el del hombre que habló del cruel mito de la Patria. Con don Carlos Romero se juntaban el ochocientos y el año cuarentaicinco como si fuera semana del mismo año. * Alúdese aquí al informe de los señores José Gálvez, Honorio Delgado y Luis Alayza y Paz Soldán, según el que la catástrofe en la Biblioteca tuvo origen intencional. i10120

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