Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

44 JORGE BASADRE Palma -nos decía- no debió ingresar nunca en la Biblioteca. De sus Tradiciones, magníficas por otras ra– zones, se desprende su despreocupación por el dato con.. creto e histórico. Luego nos relató sus conversaciones con don Manuel González Prada sobre las Tradiciones de Pal– ma. Parecía que él esa misma mañana hubiera escuchado decirle a González Prada. - Si yo lo criticara en gramática y usted en histo– ria, ¿qué quedaría de Palma y sus Tradiciones? Nos habló luego de las aficiones de don Ricardo Pal– ma por los autógrafos. Nos lo pintaba recortando las fir– mas de los manuscritos para su colección. Junto a nos– otros pasaba un hermoso gato de ·Angora, de piel muy suave, que nos acariciaba con su cola inmensa. . . y no lo sentíamos, pues nos encontrábamos embargados en la agradable conversación de ese viejito sordo que unía los recuerdos de muchos años atrás con una precisión y una lucidez extraña. Tenía Palma -continuaba diciéndonos– una verdadera aversión, un odio enfermizo por los manus– critos. No los podía ver. Donde los encontraba los tiraba y mandaba esconderlos o los despachaba por millares pa– ra engrosar las bibliotecas provinciales. Gran cantidad de libros fueron también distribuidos por él por toda la República. ¡ Y fue gracioso lo que ocurrió en Arequipa! - Cuente don Carlos -dijimos casi sin querer y también sin que nos oyera, aunque comprendió lo que de– seábamos. -¿Usted conoce lo conservadora que es la ciudad de Arequipa? ... Bueno, figúrese a los arequipeños de cin– cuenta años atrás. En cierta ocasión envió, como era su -costumbre, don Ricardo Palma, una colección de libros a la biblioteca de la Universidad del Gran Padre San Agustín. Entre ellos iba una hermosísima y antigua edi– ción de obras de Voltaire, que, ipso facto, fueron decla– radas herejes por los ilustres miembros del claustro Agus– tiniano y quemadas en el patio principal, con gran so– lemnidad.

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