Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano
RECUERDOS DE UN BIBLIOTECARIO PERUANO 37 Insisto, sin embargo, en que la hipótesis del incendio con la acción humana como causal es más probable que la ver– sión contraria. Varias personas que estudiaron a fondo este misterioso caso así opinaron. Aparte de los doctores Gálvez, Delgado y Alayza, a quienes no cabe calificar como miembros de una camarilla o de un círculo estrecho, allí está la actitud del doctor Ezequiel F. Muñoz, nombrado por mí (cuando fui Ministro de Educación en 1945) para presidir una comisión que debía estudiar las posibles responsabilidades administra– tivas derivadas del siniestro. (Resolución Suprema de 2 de agosto de 1945). El doctor Muñoz, Fiscal retirado de la Cor– te Suprema, jurista eminente, hombre mesurado y agudo, ajeno a cualquier tipo de "histeria", molesto con el inespera– do encargo que recibió, escéptico primero ante cualquier te– sis tremebunda, poco a poco llegó a convencerse privadamen– te de que el incendio había sido intencional, si bien en su dic– tamen afirmó sólo que no había sido causado por un cruce eléctrico y que no podía precisar la causa, para luego decir que existía responsabilidad por omisión, o sea delito culposo de los funcionarios. Pero cuando expidió este dictamen en marzo de 1946, nadie en el Ministerio de Educación le hizo caso, a pesar de mi protesta pública. Lo único que· obtuve fue la innecesariamente áspera carta de respuesta de un fun– cionario del Ramo, viejo amigo mío. La investigación que anteriormente llevó a cabo el Juez Dr. Pedro Gazats no condujo a aclaración alguna, pues sostu– vo que, desde el punto de vista de las pruebas señaladas por el Derecho peruano, no había evidencia en un sentido u en otro. Es decir, no quedó descartada ni una ni otra posibilidad~ Acaso hubiera sido preferible limitar la pesquisa judicial al hecho del incendio en sí, ya que no era necesario unirla con la de los presuntos hurtos de manuscritos y libros. En 1946 el Fiscal de la Corte Superior, doctor Marco Antonio García Arrese recibió el expediente y en dictamen publicado en La Prensa el 30 de agosto de ese año, trató de demostrar con gran vehemencia que el incendio se debía a causas naturales, imprevisibles, o inevitables, ajenas por completo a la acción
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