Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano
36 JORGE BASADRE estaban en la Biblioteca en 1943 ¿quién hubiera podido com– probar responsabilidades personales? Nada hacía pensar que se pudieran castigar entonces delitos análogos ni siquiera en campos más espectaculares. Razones políticas, administrati– vas, sociales, familiares, personales hubieran atajado o cor– tado cualquier intento de sanción. El esfuerzo que realicé para llevar a los tribunales trece o catorce asuntos contro– vertibles en el Ministerio de Educación no conmovió en rea– lidad, en el año de 1945, a nadie; no halló eco en el Poder Judicial; y sólo tuvo como resultado atraerme el encono de los presuntos responsables, aunque un nuevo clima político pudiese haber sido entonces favorable a esa clase de búsque– das. En suma, era difícil probar nada; y resultaba dudoso levanta·r una corriente poderosa de sanción moral para cual– quier irregularidad en la Biblioteca Nacional. Y quien conci– biera fría, cínicamente, el crimen de destruir el patrimonio de la cultura peruana con el afán de evitar esa supuesta fu– tura acusación ¿no estaba, en realidad, cometiendo un deli– to, corriendo un riesgo mucho más cierto y abriendo el cami– no a sospechas más violentas? Dentro de las reservas que una serie de meras conjetu– ras sugiere, y sin olvidar que la lógica racional no siempre funciona en la sucesión de los hechos, el incendio para "tapar"' desapariciones de libros o de documentos parece . no verosí– mil. ¿A qué hipótesis adherirse entonces? Tengo para mí que si en el incendio hubo mano y mente humanas (lo cual no fue definitivamente probado), habría que considerarlo co– mo acto de pasión, de odio, en el afán de liquidar una situa– ción intolerable. Sospecho, sin base alguna y sólo como resul– tado de las serias objeciones que las otras posibilidades sus– citan, que puede haber habido un vínculo entre el incendio y la feroz tensión que existió en la Biblioteca Nacional pre– cisamente en los días y en los meses anteriores a él, entre un sector del personal antiguo, con el Director a la cabeza, y el grupo de llamados "catalogadores" auspiciado por la Direc– ción de Educación Artística. Muy serio es este asunto para avanzar más, en un terreno de consideraciones antojadizas.
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