Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

96 JORGE BASADRE todo satisfactoria pero, al menos, no resultó desastrosa hasta que el crecimiento de la ciudad y del público, no previstos oportunamente por el Estado, ha creado nuevos y graves pro– blemas. No nos dejaron hacer cambiar el plano mismo que deja de utilizar tanto espacio y crea tantos problemas inne– cesarios; ni alterar la ornamentación y la fachada cuando, ya después de 1945, tuvimos más autoridad, porque se nos dijo por los técnicos del Ministerio de Fomento que no era ético que ningún arquitecto rectificara planos ajenos. Si renuncio en 1945 ó 1946 por no estar de acuerdo con el edificio ¿no ha– brían dicho todos que me apartaba mediante un pretexto y para ocultar la ineptitud que me impedía estar a la altura de los compromisos que había contraído? En lo que estuvo bajo nuestra jurisdicción, cumplimos. La obra técnica de preparar los planos y de construir el edi– ficio no fue incumbencia nuestra ni podía serlo. Jamás -ni bajo el gobierno de Prado ni bajo el gobierno de Bustamante– quedó rota la autonomía que a este respecto tuvo el Ministerio de Fomento. Después de una experiencia no feliz de treinta años, creo que el Estado debe entregar el edificio a alguna de las innu– merables entidades públicas y construir una nueva Bibliote• ca Nacional con sucursales en distintos barrios. Lo que sí conseguimos fue que al lado de la puerta prin– cipal se pusiera dos letreros. Uno decía: "El saber, como la riqueza, es fecundo cuando está al servicio del hombre". Y el otro: "Las puertas abiertas de esta casa dan acceso a la cultura de todos los tiempos". Los fondos para el local, según yo creía, estaban asegura– dos por abundantes rentas especiales, provenientes de un em– préstito sobre obras públicas. Tampoco sobre eso se me había informado. Poco después de que empezara el segundo semes– tre de 1945, los trabajos quedaron paralizados. Me tocó, co– mo Ministro de Educación entre agosto y octubre de 1945,

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