Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano

RECUERDOS DE UN . BIBLIOTECARIO PERUANO 95 desesperante para los que día a día veíamos crecer las inco– modidades de nuestro alojamiento en la Escuela de Bellas Ar– tes y sentíamos que ya, hacia fines de 1944, por lo menos en parte, podíamos prestar servicios al público. Los planos fueron hechos dentro del Ministerio de Fo– mento. Asimismo, la realización de la obra estuvo a cargo de un ingeniero contratista, también bajo la supervigilancia de ese Ministerio. Desgraciadamente hubo no sólo lentitud, sino también una orientación por la cual no pudo irse por seccio– nes o áreas del vasto edificio . El Presidente Prado, al conocer mi angustiado disgusto ante los planos, me preguntó dónde había hecho estudios de Arquitectura . No quería entrometerme en esa profesión por cierto. Pero había leído varias obras sobre arquitectura biblio– tecaria desde 1940. En aquella época, con motivo de mi viaje a Estados Unidos durante el Congreso Científico Panamerica– no, el Rector de la Universidad de San Marcos, Dr. Carlos Villarán, me había solicitado que viera lo que podía obte– nerse acerca de las bibliotecas en modernos "campus" de Universidades. No hay diferencias esenciales entre bibliotecas públicas y universitarias; y para mejor saber acerca de aqué– .llas era útil conocer algo acerca de éstas. Así fue cómo llegué a valorizar la, para entonces, magnífica obra de Wheeler (bi– .bliotecario y no arquitecto) sobre los locales de las bibliote- cas públicas, editada en 1941, verdadera enciclopedia en aque– lla época acerca del asunto, si bien ahora está superada. Com– prendía que el tipo monumental o suntuario de la biblioteca no está en boga, aunque la representaron, en cierto sentido, edificios tan conocidos como la Biblioteca del Congreso de Washington y la Biblioteca de Nueva York. Con estos antece– dentes y con lo que el personal de la Escuela de Biblioteca– rios estudió, pudimos decir con previsión casi matemática cuáles iban a ser las deficiencias fundamentales que el servi– cio al público tendría si para su cumplimiento se seguíarI las normas implícitas en los planos; y pudimos cambiar la or– ganización de los salones de lectura en forma que no fue del

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