Recuerdos De Un Bibliotecario Peruano
94 JORGE BASADRE de las razones históricas, esa zona hállase en el corazón de la vida comercial y oficial de la ciudad, cerca de la antigua Uni– versidad, de la Plaza de Armas, de la Plaza San Martín, de la Plaza del Congreso y hasta del hoy Mercado Mariscal Casti– lla. También me parece que fue adecuada para aquella época la decisión de hacer avanzar el nuevo edificio hasta tomar to– da una cuadra de la Avenida Abancay, incorporando la casa de la que era dueño el Estado entre esa Avenida y la calle Botica de San Pedro y expropiando una pequeña propiedad particular en la antigua calle Cascarilla. Así ocupó, repito, un terreno mucho más grande que el de la antigua Biblioteca Nacional. Esta última expropiación, por cierto, costó bastan– te trabajo y el dueño, italiano de nacionalidad, hizo lo posible por demorar y obstaculizar; y ante aquella dilación también tuve que intervenir, pues acudí a amigos comunes entre los que estuvo el Dr. Gino Bianchini, con la finalidad de rogarles que ellos usaran con energía, tino y sin tregua el método per– suasivo. No censuro tampoco la concepción teórica del nue– vo edificio, en cuanto acepta la función dinámica de la institu– ción y provee espacio para exposiciones, sala de conferencias, cinema y servicios especiales para niños. En ese sentido ge– neral presté mi aquiescencia a los planos, bajo la creencia (en todo momento defendida por mí) de que recibirían cuidado– so estudio por técnicos en Estados Unidos. Cuando llegó a Lima el bibliotecario señor Metcalf, insistí en que los revisara, cos2. que hizo y cierto es que algunas modificaciones por él sugeridas fueron aceptadas. Más tarde, gestioné y obtuve que el Comité norteamericano de ayuda a la Biblioteca Nacional de Lima, invitara al arquitecto a quien el Ministro de Fomen– to había encomendado la obra; ese viaje se efectuó al fin con la ayuda de las gestiones realizadas por el Embajador Manuel de Freyre Santander; pero demasiado tarde, cuando los trabajos habían empezado, y entiendo que no dio lugar a ningún cambio sustancial. Adquirí (o acrecenté) fama de hombre difícil por mi in– capacidad para conformarme con las deficiencias que fui ob– servando en el edificio y con la lentitud en su construcción,
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