Gráfico 20.7 Partos por quintil de riqueza (2009) Sin embargo, dentro de todo este diagnóstico negativo de la salud de los pobres extremos hay un resultado positivo y de gran alcance. Los menores de veinticuatro meses tienen una cobertura de vacunas contra tétano, difteria y tos convulsiva de 93%. Este es un promedio nacional, pero es tan alto que podemos suponer que la cobertura de vacunas es alta en toda la población, más aún si la recepción de trasferencias condicionadas en efectivo para las madres en extrema pobreza se condiciona a que los niños sean llevados a sus controles de salud regularmente. Es claro entonces que hay mucho por hacer para mejorar la salud de los pobres extremos en el Perú, y es en este grupo en el que concentraremos nuestro análisis. «Más vale prevenir que lamentar»: esta cita resume el problema central que existe en la interacción de la salud y la pobreza. Parece paradójico que en un mundo donde el acceso a las sales hidratantes, a las redes tratadas antimalaria (mosquiteras), al cloro para potabilizar el agua y a las píldoras para eliminar las amebas intestinales tiene un bajo costo y una alta disponibilidad, sigan habiendo tantas muertes por diarrea, malaria, dengue, tuberculosis y otras enfermedades de fácil prevención, y que esas muertes y esa morbilidad estén principalmente asociadas a los segmentos más pobres de la población. Este es el principal reto a afrontar en el tema de la salud y la pobreza: ¿por qué los pobres no usan todos esos instrumentos a su disposición para evitar esas enfermedades prevenibles? Para responder a esa pregunta necesitamos analizar tanto la oferta como la demanda de salud en el ámbito de la pobreza, para identificar así dónde están la trabas 690
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