oferta, están atrapados en un equilibrio de bajo nivel que los mantiene en la pobreza. En entrevistas con las personas de pocos recursos se ha llegado a determinar que los micronegocios no son motivados por un espíritu empresarial, sino que son negocios residuales que se hacen por falta de otros trabajos más estables y productivos, trabajos de último recurso ante la alternativa de no hacer nada y pasar hambre. Por otro lado, ellos no son sujetos de crédito para los volúmenes de crédito que se necesitarían para formar una empresa mediana o grande. Los sectores en los que operan tienen muy bajas barreras de entrada, las cuales no permiten la acumulación de utilidades retenidas y, finalmente, no poseen el capital humano necesario como para gerenciar negocios de mayor magnitud. Los pobres que no se dedican a la microempresa individual o familiar trabajan como trabajadores eventuales, sea en labores agrícolas, artesanales o urbanas; y los que poseen minifundios por lo general son de secano con clima irregular. Tanto el microempresario de último recurso como el trabajador eventual están inmersos en una trampa de baja productividad debido a que la naturaleza de sus labores no permite la especialización y la división del trabajo. Los trabajadores eventuales no tienen la capacidad de desarrollar experiencia en el trabajo y son principalmente emigrantes temporales. Por otro lado, los minifundistas son principalmente agricultores tradicionales que usan pocos insumos modernos, como por ejemplo fertilizantes, son eficientes en lo que hacen, pero están en un nivel tecnológico precario y están sujetos a las incertidumbres del clima. Los pobres tienen múltiples fuentes de ingresos precisamente para contrarrestar la gran volatilidad de los mismos que brota del clima, de la competencia en el sector microempresario, de la eventualidad de los trabajos con terceros, elementos que configuran unos ingresos magros y volátiles para los más pobres. Tratar de sacar a los pobres de estas trampas de ingresos de bajo nivel como, por ejemplo, el pagar la deuda que los carretilleros tienen con los prestamista, subsidiar fertilizantes y repartirlos con oportunidad han probado ser soluciones parciales y muchas veces no sostenibles al problema de la trampa de bajos ingresos. En algunos casos estas intervenciones han tenido efectos contraproducentes, como el sobreuso de fertilizantes, o impactos nulos sobre los ingresos, como el entrenamiento en finanzas para las mujeres asociadas a una institución microfinanciera en 681
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