Todos los días nos topamos con lo que los economistas llaman externalidades, que son efectos directos sobre terceros no tomados en cuenta por los consumidores o productores privados al realizar sus acciones. Estos efectos generan fallas de mercado, es decir, situaciones en las que el mercado falla en asignar eficientemente los recursos porque no toma en cuenta dichos efectos (costos o beneficios) sobre terceros. Alternativamente, podemos tipificar la existencia de una externalidad como la ausencia de mercados para el bien que es la externalidad misma, por ejemplo, la ausencia de mercados para el aire limpio; es decir, darle un precio al costo de contaminar el aire, costo que sería incluido en el cálculo económico de todas las industrias contaminadoras. En esta visión, el origen de la externalidad es la ausencia de derechos de propiedad que permitan construir un mercado para aire limpio. Estos efectos pueden perjudicar o beneficiar a terceros; por ello, las externalidades se clasifican en externalidades negativas y positivas, las cuales pasamos a definir a continuación. Las externalidades negativas son los efectos de las acciones de productores o consumidores privados —no tomados en cuenta por ellos — que perjudican a terceros. Son costos externos a los productores o consumidores. La congestión vehicular es una externalidad negativa que no es creada por un chofer individualmente, sino por todos a la vez. La polución del aire de La Oroya por partículas de plomo emitidas por las refinerías de Doe Run es también una externalidad negativa, pero a diferencia de la congestión se puede identificar al productor que la generó y medir el daño que hizo. A continuación reseñamos unos ejemplos muy peculiares de cómo se generan y cómo se corrigen las externalidades en circunstancias bastante particulares de externalidades positivas. Más ratas es la mejor solución. En los establos, sobre todo en uno de mucha extensión y con muchas acequias, hay ratas. Entonces, pones veneno para matar a las ratas. Las ratas comen el veneno que, inmediatamente, pasa a la sangre; y las pulgas de las ratas lo detectan 562
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