ambos producirán la cantidad mayor: 40 barriles. Este ejemplo muestra cómo es difícil para los oligopolistas mantener las utilidades monopólicas. Dado que tienen incentivo a hacer trampa, el propio interés los lleva a hacer trampa de la misma manera que llevaba a los prisioneros a confesar. Notemos que el resultado es igual al del dilema del prisionero, un resultado no cooperativo que lleva a una situación peor que la que produciría un resultado cooperativo. Sin embargo, allí no termina la historia. Si los juegos no se realizan una sola vez, sino que se juegan cada periodo de venta, surgen variantes en el juego que pueden hacer llegar a la solución de monopolio. Veámoslo a continuación. 15.3.3 Superando el dilema del prisionero: interacción repetida, colusión tácita y la estrategia de «pagar con la misma moneda» Kako y Kiko en sus celdas están jugando un juego terminal, tienen la opción de jugar por una sola vez. Si ellos juegan el juego, todo se acaba, ya no tienen opción de repetirlo. Sin embargo, la mayoría de los juegos que juegan los oligopolistas no son terminales, pues ellos tienen la oportunidad de encontrarse en el mercado periódicamente. La diferencia principal entre los juegos que se realizan una sola vez y los juegos repetidos es que en los repetidos los oligopolistas tiene opción a reaccionar, además de formarse una idea de lo que haría el oligopolista en el primer juego. Un oligopolista que espera estar en el mercado por años sabe que si hace trampa tendrá consecuencias futuras. Por lo tanto, un oligopolista inteligente no solo basa su decisión en el efecto que esta puede tener en el corto plazo, sino que, en vez de hacerlo así, practica un comportamiento estratégico, es decir, toma en cuenta los efectos de la decisión que él toma hoy sobre las acciones futuras de otros jugadores. Bajo ciertas condiciones los oligopolistas que se comportan estratégicamente lo hacen como si ellos tuvieran un acuerdo formal para coludirse. Supongamos que Pepe espera estar en el negocio del agua por muchos años y, por lo tanto, espera jugar el juego de trampear o coludirse —que está en el gráfico 15.2— por muchos años. ¿Se traicionarán Pepe y Juan repetidamente? Probablemente no. Suponga que Pepe evalúa dos 520
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