Peruanos en el mundo

que habitan al sur de la frontera que no son mexicanos son centroamericanos, y comprenden el 12% de la población hispana de la zona47. Entre estos, los salvadoreños y guatemaltecos son las comunidades más grandes: los primeros comprenden poco más de trescientos mil personas y los segundos, casi ciento cincuenta mil, según el censo de 1990 (1996, p. 281). Con estas cifras superan a comunidades como la puertorriqueña, cubana y dominicana, que dominan el paisaje étnico de otras ciudades de EE.UU. con grandes poblaciones inmigrantes, como Nueva York y Miami. A diferencia de los mexicanos, que históricamente han estado en estrecho contacto con Estados Unidos, y que emigran fundamentalmente a su vecino norteño por razones económicas, la mayoría de los salvadoreños y guatemaltecos de Los Ángeles dejaron su país debido a la violencia política y la guerra civil de la década de 1980. Esta distinción en el patrón migratorio se refleja en el alto número de salvadoreños y guatemaltecos que viven en Los Ángeles como inmigrantes indocumentados (entre 40 y 50%) y el número relativamente bajo de mexicanos sin documentos (menos del 10%) (1996, 281-287). Con una población de más de cincuenta mil peruanos, Los Ángeles ha recibido más migrantes del Perú que Miami. Sin embargo, como se han repartido sobre un área tan grande, no conforman una comunidad en California del sur, sino varias dispersas. De hecho, muchos emigrantes en esta ciudad no se piensan a sí mismos como parte de una comunidad peruana distinta sino como hispanos o latinos, o lo que es más frecuente, simplemente como inmigrantes individuales que intentan adaptarse a la sociedad multicultural norteamericana. Esta dispersión y falta de unidad queda reflejada en sus historias migratorias y patrones de asentamiento en California. De este modo, en las décadas de 1960 y 1970, Los Ángeles servía como centro para los inmigrantes peruanos que se dirigían a Nueva York, Paterson y Nueva Jersey. Mientras que algunos de ellos eventualmente se detuvieron o posteriormente retornaron a Los Ángeles, la mayoría prosiguió el viaje hasta la costa este y terminó estableciéndose allá. Sin embargo, durante las décadas de 1980 y 1990, California pasó a ser la sede de asentamientos peruanos más permanentes a gran escala, y hoy en día Los Ángeles es hogar de una de las colonias inmigrantes peruanas más grandes del mundo. A diferencia de Miami, que en los últimos cincuenta años experimentó un ingreso constante de inmigrantes —provenientes inicialmente de la sierra andina peruana y que buscaban trabajo en la industria doméstica y el 79

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