que provocaron un mayor empobrecimiento de la población y crecientes tasas de emigración. Por otra parte, en este mismo lapso, Estados Unidos endureció su política migratoria y el control de sus fronteras, lo que hizo que para los peruanos y otros grupos de inmigrantes resultara más difícil ingresar al país y permanecer en él. Esto solo ha empeorado desde la represión hacia la población de inmigrantes en EE.UU. a partir del 9 de setiembre del 2001. Los gobiernos español, italiano y japonés aprobaron nuevas leyes migratorias casi al mismo tiempo (Escrivá, 1997; Merino, 2004; Takenaka, 2004; Tamagno, 2003), que estimulaban la importación de trabajadores extranjeros no calificados, para satisfacer así la creciente necesidad de mano de obra en el sector del servicio doméstico y la industria manufacturera de estos países (Paerregaard, 2003). En particular, España y Japón favorecieron la inmigración peruana. Así, desde 1990 se permitió a los latinoamericanos solicitar permisos laborales para ocupaciones específicas en España; de igual modo, ese mismo año el Japón permitió a los descendientes de emigrantes japoneses que vivían en el Perú (y en Brasil) tomar un trabajo temporal en dicho país para satisfacer la demanda laboral de la industria manufacturera. Un gran número de varones peruanos emigró subsiguientemente al Japón a trabajar en las fábricas, en tanto que las mujeres se dirigieron a España e Italia a desempeñar labores domésticas. Mientras que el número de emigrantes en Japón ha permanecido relativamente estable, desde que el gobierno japonés comenzara a solicitar visas de turista a los peruanos en 1992, los que actualmente suman sesenta y cinco mil personas37, España e Italia continuaron captando gran número de peruanos que emigraron gracias a la reunificación familiar, obtuvieron uno de los permisos laborales anuales otorgados a los extranjeros o se beneficiaron con las amnistías que se ofrecen recurrentemente a los inmigrantes indocumentados38. Hoy en día, la población peruana en España e Italia suma casi cien mil personas en cada uno de estos dos países (Escrivá, 2004, p. 155; Tamagno, 2003, p. 14)39. De igual modo, Argentina (desde 1994) y Chile (desde 1997) se convirtieron en imanes de la emigración peruana en la segunda mitad de la década de 1990, en parte como respuesta a las dificultades que había para encontrar trabajo en los mercados laborales español, italiano y japonés, y a causa de la creciente demanda de mano de obra no calificada en estos dos países (Paerregaard, 2007)40. Actualmente hay cien mil peruanos en 64
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