Peruanos en el mundo

reclamar así una identidad particular como peruanos, con lo cual se amplía, en simultáneo, el significado simbólico de dicha identidad para incluir dentro del culto no solo a otros inmigrantes no peruanos marginados y excluidos, sino, potencialmente, a todos los seres humanos. 127 La mayoría de los íconos religiosos venerados por los peruanos son imágenes de santos católicos oficiales, que los campesinos o los migrantes urbanos adaptaron a sus mundos locales (Cánepa Koch, 1998, pp. 161-234; Marzal, 1988, pp. 103-202), fuerzas naturales a las que se atribuyen poderes divinos en los sistemas de creencias andinos locales (Allen, 1988, pp. 37-66; Isbell, 1985, pp. 137-165) o lugares en la naturaleza (montañas, rocas, etcétera) que, en las leyendas regionales, fueron deificadas por una revelación de Dios (Molinié, 1999, pp. 245-279; Sallnow, 1987, pp. 207-242). 128 Rostworowski (1992, pp. 170-173) sugiere que una identificación similar de las deidades prehispánicas con los espíritus y santos cristianos ocurrió en Bolivia y México, donde la Virgen de Copacabana y la Virgen de Guadalupe representan imágenes de mujeres de color, que hoy en día son celebradas por las poblaciones indígena y mestiza de ambos países como poderosos símbolos de identidad religiosa así como regional y nacional. Ella sugiere que al igual que el Señor de los Milagros, estas vírgenes representan «una acumulación de fe, simbolismo y raíces de un pasado distante americano» (1992, p. 173). 129 Véase Ávila (2005), Brodwin (2003), Menjívar (1999), Popkin (1999), Pulis (1999), Ruiz Baia (1999), Vásquez (1999), Vertovec (1997), Warner & Wittner (1998), Werbner (2002a). 130 Los afroperuanos formaron su primera hermandad en 1540 como un derivado de la institución religiosa española local (Rostworowski, 1992, p. 150). 131 La Iglesia católica inicialmente vio esta práctica con gran desconfianza pero, según la leyenda, cuando ordenó en 1671 que el mural fuera borrado, la pintura reveló su poder divino una vez más y resistió los esfuerzos realizados para destruirla. Tras esto, así como luego de otro terrible sismo más en 1687, los ciudadanos de Lima prepararon una copia del mural y llevaron el ícono en procesión por las calles de la ciudad, para pedir su protección (Rostworowski, 1992, p. 158). El Señor de los Milagros fue eventualmente reconocido por las autoridades eclesiásticas de Lima, y la ermita de Pachacamilla —donde el esclavo africano había pintado la imagen del Cristo Moreno, y donde ocurrió la revelación milagrosa del Señor— fue transformada en un convento. Este posteriormente se convirtió en la iglesia de Las Nazarenas (1992, pp. 151-153). 132 Rostworowski (1992, p. 159) afirma que la tradición de celebrar al Señor de los Milagros en octubre se remonta a 1746, cuando un terrible sismo golpeó a Lima el 28 de dicho mes. La fecha de la celebración fue posteriormente cambiada al 18 de octubre. 133 Mientras que la hermandad a cargo de organizar la procesión tiene su sede en la iglesia del Sagrado Corazón, otra —la Hermandad de Sahumadores y Cargadores— está afiliada a la catedral de San Patricio. Los miembros de esta última agrupación cargan la imagen y los incensarios durante la procesión. 134 Mientras que San Martín de Porres es la imagen de un mulato, Santa Rosa de Lima representa a una mujer blanca de origen limeño que vivió en extrema austeridad, 212

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx