Estados Unidos de crear una organización nacional que comprenda a todas las hermandades de Norteamérica, las más de sesenta instituciones religiosas peruanas existentes en el mundo que honran al Señor de los Milagros surgieron a partir de las iniciativas independientes de los inmigrantes en los lugares donde viven. Mis datos sugieren, por ende, que los vínculos transnacionales y los lazos diaspóricos entre las instituciones religiosas son la excepción antes que la regla, tanto dentro como fuera del Perú. A partir de mi investigación, también resulta evidente que los peruanos que usan las hermandades para fortalecer sus lazos con la sociedad anfitriona y cuestionar su estatus crean una identidad alternativa a la de los inmigrantes del Tercer Mundo y que esto prevalece frente a la necesidad de conservar conexiones transnacionales con su país natal. De esta manera, su vida como emigrantes se encuentra firmemente arraigada en los lugares donde viven y trabajan; del mismo modo, su identidad como peruanos y como inmigrantes fue forjada en respuesta a las sociedades receptoras. La lucha de los inmigrantes por llevar el ícono del Perú a su nuevo entorno, por encontrarle refugio en los templos y sacarlo a las calles de Nueva York o alguna otra metrópoli mundial expresa el deseo de presentarse públicamente en el Primer Mundo como una minoría inmigrante organizada y consciente de sí misma, con legítimas pretensiones respecto a los derechos civiles y políticos en el país anfitrión, tal como lo dijera el sacerdote que encabezaba la procesión en Buenos Aires. Por ello, en vez de concentrarse en las relaciones bilaterales que conectan a los inmigrantes con su lugar de origen, tal como se propone en las recientes teorías de la migración transnacional, sugiero más bien que examinemos las prácticas religiosas peruanas sobre la base del entorno social y político que configura su vida cotidiana, y los múltiples lazos económicos, sociales y políticos que los ligan con la sociedad anfitriona y otros grupos diaspóricos. Al llevar el Señor de los Milagros a las calles, los peruanos están señalando su autoidentidad como un grupo nacional distinto, al que debería distinguírsele de otros inmigrantes latinoamericanos. Sin embargo, los peruanos también usan sus íconos religiosos para crear nuevas identidades híbridas atravesando las fronteras étnicas y nacionales, y para establecer contacto con otros grupos minoritarios, así como con la población mayoritaria. Así, mientras que en Miami los peruanos animaron a otros grupos hispanos a participar en las procesiones, en países católicos 210
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