necesidades de otras minorías étnicas o religiosas, lo que incluye los pedidos hechos por los peruanos para guardar sus íconos del Señor de los Milagros. En Yamato, al sudoeste de Tokio, un sacerdote local de origen argentino-japonés no solo aceptó guardar la imagen llevada por un grupo local de inmigrantes peruanos, sino que además continúa desempeñando un papel activo en las procesiones anuales en el barrio. Por su parte, el sacerdote francés de la iglesia católica de Kakegawa también respalda abiertamente a la hermandad local en honor del Señor de los Milagros; mientras que en Kyoto, un sacerdote de origen peruano-japonés habló personalmente a nombre de la comunidad peruana, cuando esta solicitó a las autoridades eclesiásticas que guardaran su imagen en un templo católico local. NEGOCIANDO CON LAS AUTORIDADES LOCALES Una vez que han encontrado una iglesia o capilla que guarde la imagen, los devotos comienzan los preparativos para llevarla a las calles. Aunque en Japón, la Iglesia católica le ha dado la bienvenida a las imágenes religiosas peruanas, las autoridades locales son renuentes en extremo a dar permiso para las procesiones140. Hasta ahora solamente una de las ocho hermandades existentes ha logrado sacar al Señor de los Milagros a las calles de las ciudades japonesas. En 1996, el sacerdote argentino-japonés de Yamato ayudó a la hermandad local a conseguir el permiso requerido del municipio y la policía para organizar una procesión en público. Aunque se les dio la autorización, esta tuvo algunas restricciones, por ejemplo, solo se les permitió llevar la imagen sobre el pavimento de un lado de la calle, en las diez cuadras que llevan de la iglesia a una capilla vecina. El evento fue notificado por escrito a todos los vecinos y la hermandad tuvo que contratar los servicios de emergencia, que incluían la asistencia de ambulancias para que siguieran a la procesión. El permiso también fue otorgado en los siguientes años, aunque con mucha dificultad. No obstante, en otras partes del Japón las autoridades han rechazado peticiones similares porque temen que las procesiones causen desorden y perturben el tráfico. De ahí que los emigrantes se han visto forzados a inventar otras formas de «presentar» en público al Señor de los Milagros. En 1996, los inmigrantes formaron una hermandad en Hamamatsu. Cuando su pedido para realizar una procesión en las calles fue rechazado por las autoridades locales, decidieron celebrar al ícono a orillas del río en las afueras de la ciudad, una zona tradicionalmente usada para actividades 192
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