Los estudios de la emigración internacional revelan que los emigrantes recurren a relaciones sociales basadas en el parentesco, la vecindad, la amistad, la confianza, la cooperación o la etnicidad, no solo para «jalar» a los recién llegados (Massey y otros, 1987) sino también para mantener a aquellos a quienes dejaron atrás y para crear comunidades transnacionales (Levitt, 2001, p. 197). Sobre la base de mis resultados, añadiría que si bien dichas redes y comunidades reducen el costo de la emigración al darle a los nuevos migrantes información importante sobre cómo y adónde viajar, y les ofrecen apoyo económico y emocional una vez que arriban a la sociedad anfitriona, también limitan su campo de acción al animarlos a que migren a los mismos lugares y tomen los mismos empleos de quienes los precedieron. Para la mayoría de los peruanos esto significa trabajar como mano de obra no calificada en la agricultura o en las industrias manufactureras o de servicios (Julca, 2001). Es más, dado que las comunidades emigrantes se encuentran altamente estratificadas y diferenciadas, y que ellas pasan por alto las relaciones de inequidad y poder, las oportunidades que sus miembros tienen de convertir las relaciones de confianza y cooperación en capital social distan de ser iguales (Menjívar, 2000; Mahler, 1995, pp. 202-213; Paerregaard, 2002). Sin embargo, para muchos de ellos, las redes migrantes basadas en la reciprocidad constituyen el único medio de superar las desventajas sociales y económicas, alcanzar la movilidad social en la sociedad anfitriona y ganar influencia sobre los procesos sociales y políticos de su tierra natal (Landolt, 1999). Así, quienes deciden seguir este camino prefieren, a menudo, invertir en agencias de remesas, restaurantes o tiendas que atienden fundamentalmente a peruanos. De esta manera, en Estados Unidos varios de ellos abrieron cadenas no en una sino en varias ciudades121. Otros optan por dedicarse a la venta de pasajes de avión o a ofrecer asesoría legal. Entonces, no sorprende que el sector más próspero de la población migrante peruana sean los propietarios de las agencias de remesas en Estados Unidos, Canadá, España, Italia y Argentina, algunos de los cuales crearon sus propias redes transnacionales para transferir dinero. Entre estas agencias figuran Jet Perú, que opera en Estados Unidos, España, Italia, Argentina y Chile, y tiene oficinas en varias ciudades del Perú; y Argenper, propiedad de un grupo de hermanos peruanos, que tiene como base Buenos Aires. En los últimos diez años, esta agencia ha ampliado sus actividades y ha abierto oficinas no solo en otras partes de la 163
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