En Estados Unidos este patrón se mantuvo hasta mediados de la década de 1960, cuando la ley de inmigración de 1965 reemplazó al sistema de cuotas por nacionalidad de origen (que hacía que para los peruanos y otros latinoamericanos resultara más fácil ingresar al mercado laboral) con la norma más liberal de la reunificación familiar. Este programa inicialmente sirvió como una útil herramienta para que los inmigrantes legales «jalaran» parientes desde el Perú. Sin embargo, como las leyes posteriores de 1986, 1990 y 1996 endurecieron las normas al cambiar las categorías de preferencias familiares y el lapso para solicitar la reunificación, muchos peruanos comenzaron a buscar otras formas, legales e ilegales, de entrar a Estados Unidos. Una de ellas es entrar al país con una visa de turista y quedarse después de que venza o sino reemplazarla con otra de estudiante. Otra manera es unirse a otros «espaldas mojadas» latinoamericanos que cruzan ilegalmente la frontera entre EE.UU. y México. En los últimos diez años podemos observar un patrón similar en España, Italia, Argentina y Chile, donde peruanas como Vanesa, las sobrinas de Lucy y Casilda y sus hermanas —incluso algunos varones— son contratadas por familias de clase media y alta para que cuiden de sus parientes ancianos. En efecto, en Europa meridional el reclutamiento de mano de obra extranjera para que efectúe labores domésticas se ha vuelto algo tan difundido que los gobiernos de estos países emiten una cantidad de permisos laborales especiales cada año, para que los peruanos y otros latinoamericanos cuiden de los ancianos. Por su parte, los gobiernos de Argentina y Chile siguen una política de «negligencia benigna», que crea muchas dificultades legales para los trabajadores inmigrantes de países vecinos en busca de trabajo, aunque su presencia es tolerada extraoficialmente, para satisfacer así la necesidad de mano de obra barata en la industria del servicio doméstico. Pero lo que pocos empleadores y funcionarios gubernamentales previeron en Europa meridional y los países del cono sur fue que en unos cuantos años aquellos trabajadores domésticos se convertirían en la vanguardia de un extenso flujo migratorio del Tercer al Primer Mundo, o de los países del sur relativamente menos desarrollados a otros relativamente más desarrollados. Un patrón migratorio similar, aunque algo distinto en términos del género, clase y relaciones étnicas, surgió en este mismo lapso entre el Perú y Japón. Este flujo de población fue desatado por la ley migratoria introducida por el gobierno japonés en 1990, que permitió a los descendientes de emigrantes nipones encontrar empleo temporalmente, 131
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