de 1980 y comienzos de la de 1990, un número cada vez más grande de peruanos urbanos empobrecidos de clase trabajadora y media, con poca o ninguna experiencia migratoria previa, se unía a la creciente emigración del país. A diferencia de los migrantes andinos, que construyeron su red transnacional como extensiones de antiguas cadenas migratorias del campo a la ciudad, y que tuvieron pocos problemas para encontrar trabajo como empleados domésticos en su nuevo entorno social, muchos de los emigrantes que dejaron al Perú en dicho periodo tuvieron que crear redes del todo nuevas y adaptarse a condiciones laborales nada favorables. Además, las cambiantes políticas inmigratorias obligaron a muchos de ellos a buscar destinos alternativos. Contrariamente a lo que ocurría en Estados Unidos, el destino tradicional de la emigración del Perú, los peruanos en Europa (al igual que los que estaban en Argentina y Chile) no habían establecido comunidades fuertes en ese entonces. Mientras que para establecerse, las cadenas de Elvira usaron la estrategia de la reunificación familiar y las de Sofía, la de los «espaldas mojadas», estas ramas más recientes de la emigración peruana se vieron forzadas a diseñar nuevos medios y tácticas. LA RED TRANSPACÍFICA DE ALBERTO: LA PERSPECTIVA DEL EMIGRANTE QUE REGRESA Alberto, de setenta y seis años, vive en Ashicaga, al noroeste de Tokio. Él y sus dos hermanas nacieron y fueron criados por inmigrantes japoneses en Huancayo, en la sierra central peruana; por ende están clasificados como nisei. Su padre venía de la prefectura de Shioka en Japón, donde vivió con sus cinco hermanos. En 1909, partió en la cuarta nave que transportaba al Perú trabajadores japoneses contratados en la primera década del siglo XX. Después de laborar por cuatro años en las haciendas azucareras al sur de Lima y de cumplir su contrato, regresó al Japón a unirse con su futura esposa. La boda, que fue arreglada por los padres de la joven pareja, fue uno de los llamados matrimonios fotográficos; es decir, el padre de Alberto y su futura novia se conocieron por fotos. Ese mismo año, la pareja recién casada viajó al Perú. En la década de 1930, un hermano del padre de Alberto también emigró con su esposa japonesa. Ellos se afincaron en Huancayo, donde tuvieron dos hijos. Tiempo después, el tío de Alberto se convirtió en un exitoso empresario que importaba y vendía artículos eléctricos a compañías y consumidores locales. 125
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