Peregrinaciones de una paria

82 FLORA TRISTAN primer mes, para esperar las visitas. Transcurrido este tiempo, salen para corresponder, a su vez, las que han recibido. Mi prima Carmen, estricta para estas reglas de etiqueta, me instruyó de ellas con exactitud, creyendo que les prestaría igual importancia y me conformaría a ellas sin omitir ningún detalle; pero, en esta circunstan– cia, el yugo de la costumbre me pareció demasiado pesa– do; decidí liberarme. Mi prima, a quien no le agrada– ba más que a mi recibir visitas, aplaudió la forma opor– tuna con que me eximía de ellas. Aunque no fuera ella capaz de semejante atrevimiento . Antes de proseguir mi reiato, es necesario que haga conocer al lector a mi pri– ma doña Carmen. Con pesar me veo obligada, para ser fiel a la ver– dad, a decir que mi pobre prima Carmen Piérola de Flo– rez es de una fealdad rayana en la deformidad. Victima de la viruela, esta espantosa enfermedad ha hecho en ella sus más crueles estragos. Podía entonces tener trein– ta y ocho o cuarenta años . Pero Dios no ha querido que sus criaturas peor do– tadas, estén completamente desprovistas de encantos. Mi prima Carmen tiene los más lindos pies, no solamen– te de Arequipa, sino quizá de todo el Perú. Su pie es una miniatura, un amor de pie, el ideal soñado, y que me complazco todavía en recordar. Un pie de sólo seis pulga– das de largo, de ancho proporcionado, de forma perfecta, con el empeine levantado, la pierna fina, y lo más extraor– dinario, vista la extrel'.l}a flacura de doña Carmen, su pie y su pierna son llenos y torneados. Este lindo pie, lleno de gracia y fisonomía, está siempre calzado con hermosas medias de seda rosa, gris o blancas y con un elegante zapato de raso de todos colores. Doña Carmen usa los vestidos muy cortos. Tiene razón; sus pies son admirables para esconder esa pequeña obra maestra de la naturaleza. Es muy elegante, se arregla con gusto, pero con todo, su modo de vestir es el de una persona más joven de lo que su edad permite. Mi prima es ele un carácter muy singular. No ha re– cibido educación, pero la ha adquirM.•, por si misma y

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx