Peregrinaciones de una paria

80 FLOR A TRISTAN oataba por su forma, del reinado de Fernando e Isabel; de una mesa y sillas más modernas, en el gusto que el duque de Anjou, Felipe V, introdujo en Espafia; y en fin, de una gran alfombra inglesa que cubría casi toda la pieza. Las paredes estaban blanqueadas con cal y tap:.- - zadas con mapas geográficos. Esta sala, de veinticinco pies de largo por veinte de ancho, sólo recibía luz por medio de una pequeña ventana de cuatro vidrios abierta. en lo alto. La segunda pieza estaba separada de la pri– mera por una división que no subía hasta la bóveda y no estaba aclarada directamente; era mucho más pequeña que la otra, su mobiliario consistía en una pequeña ca– ma de fierro guarnecida de cortinas de muselina blan– ca, una mesa de encina, cuatro sillas viejas y en el sue– lo, un viejo tapiz de Gobelino. El sol no entra jamás a. esta inmensa pieza, parecida por su forma, su atmósfe– ra y su obscuridad a un sótano. El examen de los sitios que mi familia me daba por departamento, hizo pasar por mi alma una profunda impresión de tristeza. La avaricia de mi tío, todo cuanto había temido se presen– taba a mi pensamiento. Es fácil juzgar al dueño de ca– sa por la manera de proceder de quienes lo represen– tan. Si doña Carmen me había dado tal albergue en ausencia de mi tío, era porque estaba bien segura de que él mismo no me habría designado ningún otro. A fin de no dejarme ninguna dudá a este respecto, me había dicho al conducirme, que este alojamíento, aunque poco conveniente, era el único disponible en la casa, para. recibir a los parientes y amigos. Ese rasgo pinta a mi tío. Jefe de una numerosa familia, relacionado por sus altas funciones y su mérito personal, con todo cuanto el país encierra de más distinguido, don Pío, goza de una fortuna colosal, pero no puede ofrecer por alojamiento a sus parientes y a sus amigos, sino una fría cueva, en la que se necesita luz para leer en pleno mediodía. Esta idea me hacia sonrojar de vergüenza. ¡Y, qué!, ex– clamaba involuntariamente, ¿es pues mi destino el estar aliada a personas cuya alma dura es inacceslble a loa sentimientos elevados? Después pensaba en mi abuela, . i

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