Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 45 existencia. A todos esos goces se une, para muchos, 1a impresión del placer que sentirán en ver a sus amigos o en reunirse con su familia, en abrazar a su madre, espo– sa e hijos. ¡Oh tierra! a menudo maldecida por quienes te pisan. Tú les parecerías un Edén si hubiesen habitado algu– nos meses en el seno de los mares, en donde no se ven ni frescas sombras, ni prados esmaltados en donde no se encuentran ni parientes, ni amigos. Estábamos todos en el puente, ávidos de descubrir esta tierra que en ese instante cada· uno de nosotros embellecía con los sueños de su imaginación: el ·corazón nos palpitaba mientras doblábamos el cabo qne termina !la lengua de tierra y forma la bahía de la Praya. ¿Qué ibamos a ver? Fué en éste anclaje en donde me esperaba la primera decepción de mi viaje. Yo no era muy fuerte en geografía, y como no había leído jamás la descripción de la Praya, improvisé una en mi cabeza. Pensaba que una isla llamada Cabo Verde debía necesariamente ofre– cer a la vista de los navegantes un paisaje de verdor; pues ¿a qué causa, sino a esa, habría que atribuir el origen de su nombre? No pensaba entonces que los nom-. bres tienen a menudo su origen en circunstancias extra– ñas que, la mayor parte del tiempo, no guardan la más ligera relación con las cosas que esos nombres designan. Lo que se llama en el Cabo de Hornos, la Tierra del Fuego parece la Tierra del hielo; pero quien la descubrió creyó ver fuego no sé por qué ilusión de óptica, y la. llamó tal como se presentaba a su vista. De igual modo. Valparaíso (valle del Paraíso) recibió ese nombre divino de los primeros marinos españoles que abordaron a su bahía; después de una travesía tan larga y tan penosa, hubieran llamado igualmente paraíso a la costa más ári– da, al país más espantoso, con tal que respondiera a la. palabra tierra. ¡Oh! la tierra es, en efecto, el paraíso del hombre: pero es él quien debe plantar la viña y el olivo, y arrancar las espinas y los zarzales. El aspecto de esta tierra negra, enteramente árida, · tiene a1go de tan monótono, que uno se siente penosa• mente entristecido. Toda la bahía está rodeada de rocas
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