Peregrinaciones de una paria
PEREGRINACIONES DE UNA PARIA i35 reelección de su marido, recurrió a una medida de astu– cia. El señor Gamarra fué al Senado a declarar que no aceptarla la presidencia, porque su salud no le permitia ya ocuparse de los asuntos públicos. La señora Gamarra. hizo nombrar para la presidencia a una de sus criaturas. a un esclavo sometido a su voluntad. Ella y su marido ejercieron toda su influencia y la de sus amigos para fa– vorecer a Bermúdez; pero con todo, Orbegoso venció, como se ha visto. Para terminar con la historia de doña Panc:na, diré que llegada a Valparaíso, alquiló una hermosa casa amueblada, en la cual se estableció con Escudero y sus numerosos servidores; pero ninguna señora de la ciuct~.d fué a visitarla. Los extranjeros que habían tenido moti– vos de queja contra ella, vociferaban todos contra ella. Apenas dos o tres oficiales, de sus antiguos compañeros de armas, tuvieron la cortesía de ir a verla. Esta mujer, orgullosa y altiva, debió sufrir cruelmente por este aban– dono universal, por este aislamiento en que la encerraba n los odios. Condenada a la inmovilidad era, con la acti– vidad de su alma, ser sepultada viva en una tumba. Co– mo no recibí carta de Escudero despu'és de mi salida de Lima, no puedo precisar cuáles fueron sus sufrimientos; pero siete semanas después de su partida del Callad, mu– rió. Trascribo aqui lo que Althaus me escribia al res– pecto: ''La esposa de Gamarra ha muerto en Chile, seis se– manas después de su llegada. ·se dice que de un mal inte– rior, pero yo creo que es por rabia de no ser ya general en jefe. La pobre mujer ha acabado muy tristemente; su único compañero fué Escudero, quien ha regresado al Pe– rú a reunirse con Gamarra y hacer de las suyas". El dia siguiente de ml visita a la señ.ora Gamarra, me senti enferma. Era la primera vez que esto me ocurria desde que estaba en Lima. Pasé un dia muy triste, en mi lecho. Mme. Denuelle vino por la noche donde mi:
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