Peregrinaciones de una paria

PERERGINACIONES DE UNA PARIA: 333 ción presentó las armas para recibirla; hizo su inspección: y al pasar delante de uno de los batallones, distinguió a. un coronel que le habi¡m señalado como a uno de los que se había jactado de haber sido su amante. En seguida. se lanzó sobre él, le arrancó sus charreteras, le dió tres o cuatro latigazos a través del rostro y lo empujó tan rudamente que fué a caer entre las patas de su caballo~ todos los asistentes quedaron petrificados: -Es así -exclamó ella con voz retumbante-, como corregiré yo misma a los insolentes que se atrevan a ca• lumniar-a la presidenta de la república. Otra vez, invitó a comer a cuatro oficiales, se mos• tró amable durante toda la comida y en el postre, interpe• ló a uno de ellos, diciéndole: · · -¿Es verdad, capitán, que usted ha dicho a estos tres señores que estaba usted cansado de ser mi amante? , El desgraciado palidece, balbucea y mira a sus cama•. radas ·con terror; éstos, inmóviles, guardan el silencio. -Pues, bien -eontinúa-, ¿mi pregunta le hace per• der el uso de la palabra? responda . . : Si es cierto que us• ted ha sostenido este dicho, voy a hacerle dar látigo con sus camaradas; si, al contrario, ellos lo han calumniado, son unos cobardes y nosotros dos, los castigaremos. Era demasiado cierto que el inconsiderado joven ha• l>ia sostenido ese dic'ho. Hizo cerrar las puertas, llamó a cuatro negros, les ordenó dejar al oficial en camisa Y exigió que los otros tres oficiales presentes fustigasen a su camarada con unas varas. Esa conducta no estaba en armonía con las costum• bres del país que· gobernaba y debia, necesariamente, le• :vantar a todo el mundo en contra de ella. En efecto, en una sociedad en la que existe la más grande independen• cia entre ambos sexos, no se cree en la virtud, en el sen• tido que se ha convenido dar a esta palabra, al hablar de [as mujeres, y los peruanos se sintieron insultados por la; manera de proceder de la orgullosa presidenta. No era tampoco por hacer· creer en una · virtud que no apreciaba más que las demás mujeres del Perú, que doña Pancha procedía de esta suerte. No se húbiera ofendido, en la vi.,.

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