Peregrinaciones de una paria
330 FLORA TRISTAN siempre presen te a mi vista. Su valor y su constancia he– roica, en medio de los sufrimientos sinnúmero que la infortunada había t enido que sufrir, me la hacían apare– cer sobrena tµral y sentía una angustia indecible al ver a esta criatura de elección, víctima de esas mismas cua– lidades que la distinguían de sus semejantes, obligada, por los temores de un pueblo pusilánime, a dejar su pais, abandonar a sus pa rientes y amigos e ir, presa de la más horrible en fermedad a. t erminar su penosa existencia en el destierro . Una señora n acida en el Cusco, amiga de infancia de doña Pancha, me ha referido sobre esta mu– j ei extraordinaria, particularidades que creo deben inte– resar al lector . · !)oña Pancha era hija de un militar español que se habi1". casado con una señorit a muy rica del Cusco. Desde su infancia, se 'hacia notar, en tre sus compañeras, por su carácter orgulloso, audaz y sombrio. Era muy piadosa y desde la edad de doce años. quiso entra r a un convento con la intención de h acerse religiosa. La debilidad de su S?J ud no le permitió cumplir ese deseo. A la edad de die– cil"iete afias, sus p'l.dres la obligaron a regresar a la casa paterna, para recibir los cuidados que reclamaban su en– fermedad. La casa de su padre era frecuentada por mu– chos oficiales; muchos la pidieron en matrimonio, pero ella declaró que no quería casarse, r esúelta, como estaba, a regresar a su convento en cuanto lo pudiera. El padre, con la esperanza de curarla , la h izo viajar, la trajo a Li– m ;:,., la presentó en sociedad y le procuró todas las dis– tracci"nes posibles. Sin embargo, estaba siempre triste y parech poco sensible a los placeres de su edad . Empleó dos ::,:'íos en vi2.j2r y regres,) ai Cu.seo. Poco después de su regreso, renunció a la idea de hacerse religiosa y esco– gió por marido a un pequefio oficial feo, necio y el más ins:gnificante de todos aquellos que la habían solicitado. Se casó con e~ ~eñor Gamarra, cuando era simple capit án. Aunque de salud débil y casi siempre encinta, .,iguió a su marido a todos los lugares a donde la guerra Jo llamaba; Y c~a~ c:ontinuas fatigas fortalecieron de tal modo su consdí,ución que, adt¡uirida una gr an f,n taleza, fué capaz
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