Peregrinaciones de una paria
, PEREGRINACIONES DE UNA PARIA 82'1. aescte que usted se fué ha estado en una agitación constante. -Era la primera vez que veia a doña Pancha y es posible que a pesar mio, m1s palabras en vez de calmar su dolor, hayan aumentado su amargura. Si es por esto, lo deploro muy de veras. -Es posible que a pesar suyo, como dice, la haya herido en su orgullo cuya susceptibilidad es extrema. Hacia cerca de un cuarto de hora que conversaba con Escudero, cuando lo llamaron. Se precipitó a la ca– bina y quedé sola. Repasé en mi memoria las palabras de mi conversación de la víspera, las sometí a examen, ¡para descubrir las que hubieran podido herir a doña Pancha; pero el ---dolor del poder perdido y sus lados vul– nerables no pueden ser comprendidos por completo sino por aquellos que han poseído el poder, sentido su embria– guez y mi búsqueda fué vana. Sentía haberme dejado llevar de mi franqueza y no haber sido más reservada con un dolor que salía fuera de la linea de las aflicciones comunes. Fui interrumpida en mis reflexiones por Escudero. Me golpeó ligeramente en el hombro y me dijo con un acento que me hizo sufrir: -Florlta, la pobre Pancha acaba de tener un ataque de los más violentos; crei que iba a expirar entre mis brazos; ahora ha vuelto en si y quiere verla. Le suplico, tenga cuidado en lo que le diga; una sola palabra que hiera su susceptibilidad basta.ria para provocarle un .auevo acceso. Al bajar al camarote, mi corazón la.tia con violen– cia... Entré a la cámara del capitán, que es. muy ·ner– mosa, y encontré allí a doña Pancha a medio vestir, extendida sobre un colchón que habían puesto sobre el suelo. Me tendió la mano y me senté a su lado. -No ignora usted, sin duda -me dijo-, que soy vic- tima de un mal terrible y. . . , -Lo sé, interrumpí; pero. la medicina ¿es impotente para curarla o no tiene usted confianza en los socorros que le ofrece?
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